-¿Qué pasa, Rouvier?
-Estamos atravesando una crisis política seria, muy profunda, en cuyo centro está la lucha por el poder. Y esa lucha de poder está instalada más dentro del oficialismo que, como pudiera esperarse, entre el oficialismo y la oposición. El Frente de Todos nació para que no siguiera Mauricio Macri, para lo cual Cristina Kirchner eligió a un moderado que llegara a franjas sociales a las que no podía llegar el kirchnerismo puro. Fue un mecanismo eficaz para ganar las elecciones presidenciales, pero a la hora de gobernar, esta alianza mostró sus desencuentros, inconsistencias y dificultades. Esta disputa abarca los aspectos clásicos de cualquier lucha por el poder: intereses, ideologías y egos. Estás tres cosas siempre están presentes con fuerza en la política. Y vienen chocando dentro de la coalición gobernante en las figuras de sus dos principales exponentes, que tienen diferentes visiones del mundo y de la economía, en cuanto al modelo capitalista que debe desarrollar la Argentina.
-¿La crisis es entre ellos dos?
-No. Se están expresando todos los matices de la lucha por el poder dentro del Frente de Todos. En esos matices entran a jugar, además de los dos actores principales, figuras como Sergio Massa y Daniel Scioli. Aunque son muy importantes, por ahora son jugadores de segunda categoría, digamos, al lado del poder central que tienen Cristina y también Alberto Fernández, en su caso por el cargo de Presidente. Nadie puede decir que la crisis está terminada, teniendo en cuenta que Massa no logró cerrar un acuerdo. Y mucho menos el acuerdo que quería. No sé lo que va a pasar mañana, pero la crisis política no terminó.
-¿Qué está pesando más en la crisis política: los egos, las ideologías o los intereses?
-En este conflicto tiene una presencia singular, a diferencia de otros lugares, la personalidad de los actores. O sea, los egos. Me refiero al sentido de la impronta y la personalidad de cada uno en relación al poder. Qué hacer con el poder. No se puede negar que las diferencias entre el Presidente y la Vicepresidenta radican mucho en el carácter fuerte de ella, en su capacidad de decisión y su compromiso con lo que piensa. Cristina es un animal político de una voluntad política superior a la de la mayoría. Eso la hace pesar más que el Presidente y el sector que lo apoya. Alberto Fernández tenía desde el principio la opción de formar su propia fuerza política, ya que no era considerado un jefe, pero no lo hizo en todo este tiempo. El sentido de la recomendación de que armara un “albertismo” era que se equilibraran las fuerzas dentro del Frente de Todos. Fijate que La Cámpora tiene un poder importante y manifestó un crecimiento en sectores estratégicos del Estado y del territorio que no tiene el Presidente de la Nación.
Lugar común: esta historia continuará.