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Pacto de Mayo

La categórica respuesta de Isabel Perón sobre la invitación a participar del "Pacto de Mayo"

El Presidente Javier Milei cursó una invitación a Isabel Perón para que vuelva a la Argentina a presenciar la firma del Pacto de Mayo. ¿Qué hará la expresidenta?

por Facundo Pastor | 03 de julio de 2024 - 20:22
La categórica respuesta de Isabel Perón sobre la invitación a participar del Pacto de Mayo

En la foto soñada por el presidente Javier Milei quedaran algunas sillas vacías. La Casa Rosada ya envió todas las invitaciones a expresidentes para que participen de la convocatoria a la firma del Pacto de mayo este 9 de julio en Tucumán.

En el entorno de la expresidenta le adelantaron a A24.com que “Es imposible que ella pueda venir a la Argentina”.

Su abogado Diego Mazzieri explicó que: “Es una invitación abstracta, ya que siendo 3 de julio ella no tiene ninguna comunicación oficial. De todas maneras, está más que claro que una persona que va camino a los 94 años no puede afrontar semejante esfuerzo de un viaje tan largo. No va a ir a la Argentina para ninguna foto”.

También existe un impedimento legal para que la mujer que convivió 20 años con Perón pueda abandonar España: “Isabel fue perseguida por uno de los gobiernos anteriores que la terminaron acusando de supuestos delitos políticos gravísimos. Desde 2007, rige sobre ella un circular de Interpol por dos investigaciones diferentes en las que ni siquiera la indagaron”, explicó Mazzieri.

Isabel reside a 38 kilómetros de Madrid en una urbanización llamada Villafranca del Castillo. Los detalles de su vida en España fueron publicados por este cronista en el libro “Isabel, lo que vio, lo que sabe, lo que oculta” (Editorial Aguilar).

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A cuarenta kilómetros de Madrid la vida parece transcurrir de manera distinta. Los vecinos caminan a otro tiempo, sin empujarse. Los autos se encienden poco. No hay oficinas a la vista, ni estaciones de metro. No hay museos, ni monumentos, ni tascas con bullicio y tufo a fritanga. Tampoco turistas que traicionan al paso con un monopatín. Las calles son angostas. Los árboles despliegan las sombras sin interrupciones.

Allí vive Isabel Perón desde finales de los años noventa. Logró acceder a esa vivienda gracias a una hipoteca bancaria. Poca gente de la urbanización conoce su historia. Casi ninguno sabe que su mandato como Presidenta de la Argentina fue interrumpido por una dictadura cívico militar. Mucho menos que fue presa durante más de cinco años. Quizás algo sepan los vecinos más longevos. Aunque quedan pocos. O algunos de los primeros comerciantes que llegaron al pueblo; como Gabriela, la mujer rumana que atiende la única cantina del centro comercial.

—Hace tiempo que no sabemos nada de la señora, ya debe de estar muy anciana —dice en un castellano vacilante.

Isabel Perón tiene 93 años.

Pocas veces disfruta de la luz del sol. Como le sucedía durante su cautiverio en El Messidor, donde los militares taparon las ventanas de su celda, la viuda de Perón vive encerrada en un chalé adosado sobre la calle Valle de Ulzema.

La casa permanece, casi siempre, con las persianas bajas. De todas maneras, aún hay ciertas imágenes que le hacen brillar los ojos. No son muchas.

Las fotos de sus caniches, que ya no viven.

Las rosas rojas, símbolo del amor y la pasión.

Un rosario de perlas blancas que el Papa Francisco le regaló para su cumpleaños de 90.

También un óleo gigante que está colgado en el living de la casa. Ese cuadro es el único regalo que, aún, conserva de Perón. Es una obra de arte de colección que tenía un lugar destacado en la residencia de Puerta de Hierro. Uno de los pocos objetos que pudo llevarse. Estaba en el recinto principal, sobre el hogar a leña donde el matrimonio solía pasar largas horas conversando al calor del fuego.

La protagonista del cuadro es la propia Isabel. Ella posó para un artista que realizó una obra tan perfecta que parece una fotografía a colores. Isabel está de pie enfundada en un vestido negro entallado al cuerpo. Tiene el brazo derecho apoyado sobre una silla. Los labios apretados insinúan una sonrisa. Lleva el pelo recogido con un rodete, como lo usaba Evita; también aros colgantes y un collar de strass de oro blanco.

La viuda de Perón pasa largas horas del día en silencio mirando ese cuadro. Como si pudiera encontrar en ese objeto las respuestas a todos los interrogantes de su vida.

Desde los años noventa sólo vive de la jubilación que cobra como exmandataria, que en su caso es doble. Por un lado, percibe una renta vitalicia a la que se suma una pensión otorgada por el Instituto de Ayuda Financiera del Ejército.

El sacerdote Enrique Lázaro es el confesor de Isabel Perón. Lleva varios años al frente de la parroquia Santa María Soledad Torres. La iglesia queda a metros de la casa de la expresidenta. El padre Enrique fue una de las personas que la acompañó la noche del 12 de enero de 2007, cuando Isabel volvió a caer presa por pedido de un juez argentino que investigaba su responsabilidad en los crímenes cometidos por la Triple A. Durante su presidencia se habían firmado los decretos que ordenaban a las Fuerzas Armadas “aniquilar” a la subversión.

Aquella noche el cura rezó a los gritos mientras un grupo de policías de Interpol se llevaba a Isabel enfundada en un tapado de piel que la protegía del frío.

La foto tardó un suspiro en replicarse. La expresidenta volvía a la tapa de los diarios.

Isabel no volvió a ser la misma luego de la última detención. Otra vez, cayó en una profunda depresión. La fantasía de regresar a morirse en la Argentina, para ser enterrada en Mar del Plata junto a uno de sus hermanos, quedaba trunca. La expresidenta no puede pisar un aeropuerto porque la circular roja de Interpol todavía está vigente.

Ahora, guarda el deseo de que sus restos descansen en el Cementerio Municipal de San Lorenzo El Escorial, a metros de la Cripta del Real Monasterio, donde reposan algunos de los reyes de España.

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