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En el barro

La interna de Javier Milei: por qué estálló la grieta, el peso de la hermana y el enigmático señor Kikuchi

Después del acto en El Porvenir estalló la crisis en las filas "libertarias". Los errores no forzados por las armas y la venta de órganos. ¿Todavía tiene chances de ser presidente?
por Edi Zunino | 14 de junio de 2022 - 17:41
La interna de Javier Milei: por qué estálló la grieta, el peso de la hermana y el enigmático señor Kikuchi

Karina Milei, junto al armador Carlos Kikuchi y a Javier Milei. 

Puede sonar autorreferencial pero también explicativo, así que asumo el riesgo: el viernes muy cerca de las 21, antes de que Javier Milei formalizara el lanzamiento de su campaña presidencial en el semivacío estadio de El Porvenir, El Dipy arrancó su primera cumbia con una dedicatoria especial: “¡Esta es para vos, Edi Zunino!”. No somos amigos (de mi parte, mucho menos lo contrario); tampoco me había enviado antes ninguna señal de cariño ni de respeto ni de nada, en verdad. Supongo, entonces, que le habrá caído mal algo que dije en A24, la tarde-noche anterior, al anticipar el acto, cuando le pregunté al propio Milei, en vivo, vía Zoom, cómo cree que encajan las letras de David Martínez (que así se llama el músico) en el electorado de derecha. Le leí dos estrofas de sendos temas:

• “Antes de entrar al baile me fumó un Cañón. / Después me voy a la barra a comprar un Porrón. / Antes de entrar al baile me fumó un Porrón. / Porrón, Porrón, Porrón, Porrón”. (De “El porrón”, valga la redundancia).

• “Si sos floger, si sos cheto, si sos emo / a todo sustedes los corremo / no importa que nos traten a todos de negro / porque todo nos chupa un huevo”. (De “Todo me chupa un huevo”, ídem).

Milei, acaso algo molesto, no respondió por sus eventuales votantes de presunta raigambre conservadora o de buena posición, sino por sí mismo:

-Es la expresión cultural que eligió El Dipy- dijo, sin necesidad de aclarar lo que, de por sí, era obvio (y para nada reprochable, por cierto).

La pregunta tenía que ver con la intención periodística de hallar pautas precisamente culturales en esta novedad política que representan los “muchachos mileístas”, ahora entre cantos festivos a la marihuana y entonaciones clasistas. “Correr a los chetos” describe un escenario callejero violento que se retrata sin ayuda de la poesía popular cuando, por ejemplo, al hijo de Valeria Massa le rompen la mandíbula porque es “un tincho”, que viene a ser el “cheto” que juega al rugby. “Correr” es sacar del medio. Y por las malas. Es dejar out.

Me sigue resultando interesante la conversación que no se dio. Hasta hoy, la reivindicación de lo marginal era cosa de “zurdos” y “perucas”. Pero llegaron los “libertarios” y, con ellos, una “derecha contestataria” captó audiencias barriales extramuros, al parecer, con todo y sus códigos. Claro que no me molesta ni me deja de molestar. Sólo me pone a bailar las neuronas, para entender dónde vivimos.

El que se enoja suele ser Milei. También El Dipy. El diputado rifa-dietas llegó a definirse con absoluta nitidez desde el vamos: “Somos la furia”. Una tendencia al ofuscamiento fácil que, hace un par de semanas, empezó a pegar fuerte dentro de su mismísimo entorno político más próximo.

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El ex UCeDé Carlos Maslatón fue el más altisonante, describiendo a Milei y su hermana, Karina, como un par de “autoritarios” acaso comparables con Juan Domingo Perón y María Estela Martínez. Doble sorpresa: aparte de cabezas del justicialismo, el General e Isabelita eran esposos. Siguiendo con el tono metafórico, a ella -bautizada “El Jefe” por su hermano- la consideró “alguien carente de talento” y hasta capaz de “cortar cabezas” y de alimentar a “un López Rega” como mano derecha. Así, después de muchos años, un tal Carlos “Japonés” Kikuchi volvió ser mencionado en los medios.

Kikuchi había tenido ese privilegio en los 90, cuando recorría redacciones, canales y radios como vocero de Domingo Felipe Cavallo. El “Mingo” era, entonces, una figura descollante que ansiaba la Presidencia de la Nación. Dentro del “mileismo” hay distintas versiones sobre la fugaz carrera en sus filas: que “lo impuso Cavallo”; que sólo “lo sugirió y Javier tuvo un gesto” hacia el Padre de la Convertibilidad, quien a veces parece su padrino; y que “fue cosa de él, porque lo conoció en la radio y se hicieron amigos”. Sin embargo, todas las versiones coinciden en un punto: “Kikuchi fue adoptado por Karina como su monje negro, aun a costa de todo lo que se había construido”.

Los errores de Javier Milei

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Le achacan “los dos grandes errores” de Milei a este hombre, periodista de oficio, por acción u omisión. Y lo hacen en estricto off the record, gracias a una mezcla de disgusto y temor:

1) “Lo de la libre circulación de armas y lo del ‘mercado de órganos’ fueron definiciones que se le fueron de las manos a Javier. Se metió en temas muy complicados. Karina y Kikuchi no le dieron la idea, él no funciona de esa manera; pero no hicieron nada para frenarlo”, señala un joven operador del Objetivo Milei 2023.

2) “Sí fue idea de Kikuchi sumar a los herederos del General Bussi en Tucumán; los que elogian a la última dictadura no tienen nada de liberales y nos hacen mal, achican el espacio”, agrega.

Dicen que Carlos Kikuchi tiene lo que a Milei le falta, en cuanto al conocimiento del andamiaje político. Además de algo siempre muy tentador: “Contactos para el financiamiento”, indican.

Quizás no debería sorprender que la interna de Avanza Libertad estallara. Tampoco que lo hiciera en el mismo tono de confrontación frenética con que se dio su construcción contra “la casta”. Maslatón llegó a sostener que “Kikuchi es un infiltrado de Larreta, nos lo pusieron para que Javier pierda el rumbo y fracase”. Se sabe que el Jefe de Gobierno porteño es considerado el peor de los males desde el club de fans del economista.

A 15 meses de las elecciones, Javier Milei sufre su primer gran traspié, que replica en todas las encuestas. Él dirá, con razón, que “el sistema” no perdona. Pero son sus propios apóstoles quienes le están gritando que llegó la hora de mirarse al espejo, aunque ya no para ensayar el personaje. “Se armó la discusión, es cierto; pero acá no hay palomas”, susurran desde AL.

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