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Magario-Espinoza: dinámica y proyectos de la dupla política matancera que nutre de votos al Frente de Todos

Nicolás Poggi
por Nicolás Poggi |
Magario-Espinoza: dinámica y proyectos de la dupla política matancera que nutre de votos al Frente de Todos

Verónica Magario y Fernando Espinoza supieron construir una sólida sociedad de poder en La Matanza: desde 2005 ambos se reparten el sillón de mando de la localidad más populosa del país (la quinta provincia), en un complejo juego de equilibrios en el que lograron (muchas veces) sortear las diferencias internas.

Hoy, bajo la bandera del Frente de Todos, Magario se encamina a ser la vicegobernadora de Axel Kicillof y Espinoza a concretar su tercer mandato como intendente matancero. La Matanza fue también -post derrota de 2015-- el refugio de muchos funcionarios K que se quedaron sin cargos; este sábado la ciudad recibe a Cristina Kirchner para la presentación de “Sinceramente”.

Pero el camino de ambos no fue precisamente un lecho de rosas. La gran frustración de Espinoza (que hoy Magario concretará a su manera) fue no llegar a ser gobernador. El destino que rigió sus decisiones, algo así como un proyecto que no abandonará nunca. Estuvo cerca en 2015, cuando acompañó a Julián Domínguez en las PASO del FpV, pero el sueño se leescurrió de las manos.

La historia

Ambos fueron dirigentes que emergieron a la política bajo el cobijo de Alberto Balestrini, que fue intendente por dos períodos y llegó a ser vicegobernador de Daniel Scioli. El otro actor de peso en la carrera del tándem fue Raúl Magario, padre de Verónica, ex integrante de Montoneros y ex funcionario municipal.

Como ambicioso concejal, Espinoza asumió interinamente la intendencia de La Matanza en 2005, cuando Balestrini pasó a presidir la Cámara de Diputados del Congreso. Después se presentó formalmente en 2007 y fue revalidado en 2011, con el 50% y 60% de los votos respectivamente. Dos años después, en las legislativas de 2013, Magario ingresó como diputada nacional matancera y, desde ahí, comenzó su proyección.

“Hay algo que es clave para entender en poder en La Matanza –grafica un peronista que los conoce bien-. El distrito tiene 2.100.000 personas, y gran parte de la economía es informal, en el comercio, el transporte y otras actividades. Así como no hubo urbanización, tampoco hubo economía formal, que hoy debe llegar apenas al 10%”.

En ese esquema, Espinoza siempre fue visto no sólo como el “jefe político” del distrito en la era posterior a Balestrini sino como el “ordenador” de una economía efervescente. “El punto en contra de la informalidad es que, sin una economía ordenada, el municipio no puede cobrar muchos impuestos. Pero lo favorable es que hay más fondos disponibles”, describen en La Matanza, a la hora de reconocerle a Espinoza la “fortaleza” del manejo económico.

En la política mayor, la carrera de Espinoza empezó en 2013, cuando asumió como presidente del PJ Bonaerense después del breve paso por ese cargo de Hugo Moyano y del interinato de Cristina Álvarez Rodríguez. Desde entonces, el matancero se dedicó a la faena de la unidad, aunque no pudo evitar la deserción de Sergio Massa y su Frente Renovador.

El corolario de este periplo fue cuando Cristina Kirchner lo ungió –sin suerte- compañero de fórmula de Domínguez contra la fórmula Aníbal Fernández-Martín Sabbatella en las PASO de 2015. Magario, a su vez, fue consagrada ese año intendenta de La Matanza con el 47% y se convirtió en la primera mujer en ocupar ese cargo.

La asunción de una y el declive de otro trajeron, lógicamente, cortocircuitos. Para no quedar en el llano, Espinoza fue designado “jefe de asesores” del municipio, que a su vez recibió a ex funcionarios K como Débora Giorgi (Producción), Roberto Felleti (Hacienda), Silvina Gvirtz (Ciencia), Alejandro Collia (Salud) y Alejandro “Topo” Rodríguez (Jefatura de Gabinete), entre otros. Las malas lenguas dijeron que esos nombres habían sido puestos por Espinoza. Otros dicen que hubo “consenso”.

Tensiones

Pero eso no fue todo. La sociedad política de ambos comenzó a crujir por la mirada programática. Si bien en ese momento Magario creía que la etapa de Cristina estaba “cerrada”, Espinoza se lanzó en 2017 a la curiosa proeza de ser candidato a diputado por Unidad Ciudadana siendo presidente del PJ Bonaerense. Y el sello partidario, a su vez, quedó para Florencio Randazzo. En los días de ese cierre de listas incluso hasta se chicanearon por las llaves de la sede de Matheu.

Fue difícil para el matancero explicarlo en su momento (y lo sigue siendo hoy), pero lo cierto es que esa jugada le permitió salir del llano para ir a la Cámara de Diputados (y terminar siendo vicepresidente del bloque detrás de Agustín Rossi).

En lo formal, Espinoza pidió licencia del PJ Bonaerense para volver luego de la aventura de Unidad Ciudadana. Pero el ciclo interno se había cumplido, y la renovación llegó de la mano de Gustavo Menéndez, por entonces flamante intendente de Merlo, y de Fernando Gray, alcalde de Esteban Echeverría. Decidido a no perder ninguna porción de poder, Espinoza resistió hasta que a fines de 2017 consiguió el cargo de “presidente del congreso” del PJ Bonaerense, lo que le posibilitó ejercer de “contrapeso” de la renovación.

En el propio peronismo reconocen ante A24.com que tanto Cristina Kirchner como los intendentes del Conurbano siempre le dieron “margen de maniobra” a Magario en detrimento de Espinoza. Simplemente la prefieren a ella. Pero dentro del distrito los límites son más porosos. “En La Matanza hay mucha corriente migratoria interna, del norte del país, y eso siempre generó una cultura machista”, se lamentan los que pugnan por una renovación.

La última desconfianza entre el tándem surgió porque, si bien Espinoza creyó que iba a controlar el municipio con piloto automático desde el Congreso, Magario adquirió vuelo propio. Tanto que para este año llegó a la fórmula bonaerense del Frente de Todos como representante de sus pares, mientras Espinoza vuelve al municipio. Una sutil cadena de desencuentros entre ambos que fue oportunamente silenciada por el bien mayor. Aunque el propio PJ del distrito suelta un rumor inquietante: Espinoza también querría ir a La Plata a partir de diciembre, por lo que, en ese caso, podría tomar licencia como intendente. Aunque ni Alberto Fernández ni Axel Kicillof quieren que vaya.