-Yo me fui aclarando que siempre voy a ser genéticamente radical. Mi partido se llama GEN. A mí lo que me gusta, me entusiasma mucho te diría, es este radicalismo decidido a buscar un proyecto de país diferente. Entre las razones por las que en su momento me fui, estaba un internismo casi patológico y no veo que haya desaparecido, tampoco. Estoy bastante conforme con ese proceso, pero también lo estoy mirando de afuera.
-El textual que más imprimió de la última Convención Nacional de la UCR lo aportó el electo presidente de ese ámbito, Gastón Manes: “Que me perdone Macri, pero esta vez el mejor candidato está en el radicalismo”, dijo. Yo creo que a Macri le encanta que lo pongan en el centro de la escena y que el más preocupado viene siendo Rodríguez Larreta, que lo cascotean de todos lados…
-(Se ríe) Sí, posiblemente… Pero, en realidad, creo que a Larreta le quita más el sueño Macri que Manes. Yo elogié bastante cómo se posicionó Rodríguez Larreta durante la pandemia, sus relaciones y sus tensiones para bien o para mal con el Presidente de la Nación… Me pareció que con él habían instalado un liderazgo. Sin embargo, en los últimos meses, eso se fue debilitando y tiene que ver con la irrupción de Macri en el escenario. La decisión de Macri –no sé si a ser candidato o a ponerlo- le achicó muchísimo ese crecimiento que venía teniendo. Hoy, dentro del PRO, hay una tensión muy fuerte que en la UCR está mucho más saldada, y eso hace que el radicalismo esté parado con más fuerza.
"El síndrome de Alberto F."
Stolbizer comparte la idea de que al Jefe de Gobierno porteño lo afecta una especie de “Síndrome de Alberto F”, ya que quedó en el centro de las críticas y las movidas preelectorales de propios y extraños. Percibe que eso se debe a “la actuación en espejo de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, que pelean con vehemencia por seguir siendo los factores determinantes de sus respectivos espacios políticos y afectan las expectativas de sus principales referentes”.
De todos modos, descarta –por lo menos para el futuro inmediato– que se esté amasando una nueva coalición “de centro racional” que margine a dichos extremos desde el punto de vista electoral. Sí percibe, en cambio, que se vienen expresando distintas “coaliciones transversales de gobierno” para tomar decisiones claves en cada etapa. Señala como último ejemplo el modo en que se aprobó el pacto con el FMI, que tuvo amplia mayoría pese al quiebre del kirchnerismo puro y “gracias al apoyo de la oposición que, incluso, debió expresar autocríticas por haber asumido la deuda” durante la gestión Macri.
Ahí es donde reivindica el rol desempeñado por Sergio Massa –titular de la Cámara Baja– y Germán Martínez –reemplazante de Máximo Kirchner al frente del bloque del Frente de Todos– en la generación de un clima de acuerdos, que incluyeron enmiendas al proyecto oficial. Los pone a la par de Federico Pinedo y Emilio Monzó durante el anterior gobierno, en cuanto “grandes gestores de los equilibrios que requiere la labor parlamentaria”.
Por lo visto, no sólo de quejas y acusaciones vive la vapuleada política nacional.