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POLÍTICA

Néstor Carlos Kirchner y el estilo “K”: el "títere" que dejó una marca en la historia nacional

Néstor Carlos Kirchner y el estilo “K”: el
Asumió el 25 de mayo, tan solo unos días posteriores a las elecciones, sin ganarlas y con el apoyo de 2 de cada 10 ciudadanos (Foto: archivo)

Dueño de un modo particular, llegó al poder nacional casi por una carambola del billar. El presidente Eduardo Duhalde había estabilizado al país junto a sus ministros de economía. Tuvo que anticipar las elecciones y buscó apoyar a Carlos Reutemann de Santa Fe, a José Manuel de la Sota de Córdoba, y al final a Adolfo Rodríguez Saá de San Luis. No aceptaron. Pero, con un 6% inicial de intención de voto, se lanzaba desde el Sur el candidato a la presidencia Néstor Kirchner, quien finalmente recibió el respaldo del poder central.

La elección nacional se desarrolló el 27 de abril y el 18 de mayo venía el ballotage, sin embargo, no se hizo. Kirchner llegó al gobierno con el 22% de los votos porque Menem se bajó de la segunda vuelta para no ser derrotado con gran diferencia: las encuestas le daban el triunfo al santacruceño con un contundente 70% a 30%.

Asumió el 25 de mayo, tan solo unos días posteriores a las elecciones, sin ganarlas y con el apoyo de 2 de cada 10 ciudadanos. Cosechó rápida aprobación de la opinión pública a partir de acciones constantes y señales claras. Su estilo “K” de comunicación y gestión comenzaba a aparecer.

Era el presidente que debía sacarnos del infierno. Por la anomia de 2001, los argentinos necesitábamos seguir a alguien, a un líder firme, y Néstor condujo con su manera personalista, decidida y abriendo diversos frentes en el combate diario.

Con un 6% inicial de intención de voto, se lanzaba desde el Sur el candidato a la presidencia Néstor Kirchner, quien finalmente recibió el respaldo del poder central (Foto: archivo)
Con un 6% inicial de intención de voto, se lanzaba desde el Sur el candidato a la presidencia Néstor Kirchner, quien finalmente recibió el respaldo del poder central (Foto: archivo)

Su debilidad de origen la convirtió en fortaleza. Se pensaba que sería manejado como “títere” por Duhalde y la desconfianza en su capacidad e inteligencia llegaba a los límites de que se corrían versiones de que la persona que armaba la estrategia detrás del presidente era Cristina Fernández de Kirchner.

Los primeros meses de gobierno:

  • Desactivó junto a su ministro de educación, Daniel Filmus, un paro docente en Entre Ríos;
  • Reivindicó a las madres y abuelas de Plaza de Mayo, con las que selló una alianza duradera en defensa de los Derechos Humanos;
  • Eligió articular políticas en defensa de los intereses latinoamericanos.
  • Cuando su propio vicepresidente, Daniel Scioli, prometió a empresarios una suba de tarifas en agosto de 2003, el presidente lo citó a la Casa Rosada. Luego de hacerlo esperar varias horas no lo recibió y el mensaje fue claro: “Acá mandó yo”.
  • También descabezó a la cúpula de la Policía, de la Gendarmería.
  • Confrontó de frente con cada uno de los miembros de la Corte Suprema de Justicia reprochándoles ser parte de la mayoría automática con que gobernó su máximo adversario discursivo, el ex presidente Carlos Saúl Menem.

Aprovechó el viento de cola y consiguió un crecimiento del PBI constante y cercano a un 8%. Estatizó Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino y creó ENARSA. Autorizó la fusión Multicanal y Cablevisión, comienzo de una relación que se rompió con la empresa Clarín un tiempo después y marcaría la pelea más importante del último tiempo entre los gobiernos K y el Grupo.

Su personalidad desenfadada, cercanía desfachatada, la habilidad de negociación, astucia y picardía fueron parte de su estilo. Se dio el gusto de hacer piruetas con el bastón de mando presidencial, caminó por la Plaza de Mayo hacia la Catedral el mismo día de asumir e incluso un fotógrafo lo golpeó en la frente sin querer y lo cortó, por lo que tuvo que sacar un pañuelo para secar su propia sangre. No dejó de saludar a la multitud. En esa línea intercambiaba bromas con periodistas “compinches” al aire o hacía “chistes” en los lugares más insospechados.

Desplegó un discurso cercano, comprensible y efectista que despertó creciente emoción en sus seguidores y alertó a contrincantes que no pudieron combatirlo fácilmente.

Sus adversarios dirán que fue autoritario y generó una matriz de corrupción para enriquecerse o hacer política. Sobrevuelan las supuestas o probadas coimas a sus hombres de confianza, los sobreprecios en la obra pública o las cajas fuertes de El Calafate y variados rumores sobre su fallecimiento.

Acusado de demagogo, de avasallante contra aquellos que podían interponerse en su camino, excesivo en el debate contra periodistas, se le recrimina la prórroga constante de la emergencia económica, el modelo centralista de poder, el Indec y la exaltada crítica a sus adversarios político, etc.

Su muerte lo convirtió en mito para el peronismo. Fue el que devolvió un relato construido a base de acciones y señales muy claras. Se lo inmortalizará como parte de la “Liga de los presidentes de la izquierda LATAM” junto a Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Lula, Tabaré Vázquez y “Pepe” Mujica.

Por sus militantes seguramente sea recordado como un presidente que sacó a la Argentina del infierno, recobró la dignidad nacional, logró mayor libertad económica y soberanía para las decisiones políticas. Ideales típicos del peronismo.

Será un prócer para gran parte de la población como líder de un modelo que es central en estos días del país y al que su esposa Cristina Fernández de Kirchner le dio continuidad. Otros suponen que fue el principio de los grandes problemas nacionales.

Existen diversas hipótesis sobre qué hubiera pasado si Néstor no hubiese fallecido ese 27 de octubre de 2010.

Finalmente:

  • Algunos dirán que confrontó con los grandes medios y otros que sólo fue valiente con los débiles.
  • Algunos dirán que fue populista y otros que fue popular.
  • Algunos dirán que fue jefe y otros que fue un gran líder.
  • Dirán que fue amado u odiado.

Dirán…

Lo que con seguridad nadie podrá negar es que marcó una época y un estilo, que ocupó el centro de la escena. Ejecutivo y frontal, dejó su marca en la historia nacional y no pasó desapercibido.

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por Gabriel Slavinsky
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