Respuesta rápida: porque no tienen alternativas. Cualquier opción es abrirle un duro espacio a una oposición que no controla ni de cerca.

Respuesta rápida: porque no tienen alternativas. Cualquier opción es abrirle un duro espacio a una oposición que no controla ni de cerca.
El Gobierno cuenta con unos 110 diputados más algunos aliados (129 es número necesario para bloquear cualquier proyecto opositor) y unos 25 senadores (se necesitan 37 para el bloqueo). Con esos números y una oposición que ya empezó su campaña, los riesgos de empezar una sesión en la que se debata cualquier tema (por menor que sea) son demasiados.
Esta situación se da especialmente en la Cámara de Diputados donde entre el kirchnerismo, la izquierda y el massismo suman 100. Basta convencer a algunos peronistas racionales o que Cambiemos tenga un par de diputados enfermos para poder ganar alguna votación.
En el Senado, en cambio, el oficialismo sabe que cuenta con al menos 10 senadores del peronismo que actuarán cumpliendo los acuerdos y que mantendrán una sesión controlada en caso de que el kirchnerismo se desbande. Por eso, el último miércoles el Senado sesionó para convertir en ley algunas iniciativas sociales. Siempre con acuerdo.
En Diputados en cambio, el Recinto no puede juntarse ni siquiera para debatir temas menores. ¿Por qué? La inflación no pega solo en los bolsillos.
La inflación legislativa
¿Qué significa eso? Que cada opositor va a intentar aprovechar los resquicios de la ley para intentar colar su idea, su beneficio sectorial o provincial. Y esa idea seguramente –como la mayoría de los proyectos- va a costar plata.
El Gobierno no tiene ninguna herramienta numérica (legislativamente hablando) para poder hacerle frente a ese peso numérico de la oposición. Basta con que los opositores se pongan de acuerdo para que cada uno agregue su idea en un proyecto (idea = gasto) para logren imponerlo en el Congreso.
¿Por qué no intentar avanzar sobre leyes no conflictivas? El oficialismo intentó hacerlo. Pero lo que advierten desde la Presidencia de la Cámara de Diputados es que no pueden controlar que -en medio de una sesión de temas consensuados- el kirchnerismo y la izquierda terminen metiendo sobre tablas algún otro proyecto que perjudique las políticas centrales del Gobierno. Es decir, que demanden más presupuesto.
Esta idea de mantener freezado al Congreso es compartida por el Peronismo Federal. “Nosotros podemos acompañar pero no nos vamos a incinerar. Imaginate que si el kirchnerismo presenta una ley antidespidos, por ejemplo, nosotros no podemos aparecer rechazándola”, explica un hombre que integra ese espacio.
El Peronismo Federal también tiene sus propios problemas. Al igual que Cambiemos necesita que el Congreso esté paralizado porque no puede resolver su propia interna. En muchas provincias gobernadores que hasta ahora jugaban con el oficialismo abiertamente no pueden aparecer extremadamente colaboracionistas porque tienen que cuidar sus alianzas provinciales con el kirchnerismo.
Esta situación abarca a todas las provincias. Llamó la atención estos días la presentación de un recurso de amparo contra el aumento del gas que hizo el diputado salteño Javier David que ¿responde? a Juan Manuel Urtubey, junto al diputado kirchnerista Sergio Leavy, también de Salta, enfrentado al gobernador.
David que quiere ser gobernador en 2019, pero con el peronismo divido en la provincia, su proyecto corre fuerte riesgo. ¿Explica esto su acercamiento al kirchnerismo? ¿Cómo va a votar David el Presupuesto? ¿Este acercamiento tiene la venia de Urtubey? Ya en 2017 la lista de Urtubey quedó segunda detrás de Cambiemos y el electorado se dividió en tercios: Leavy quedó tercero a menos de un punto del candidato del gobernador. Ambos se necesitan..
Esto es apenas una muestra de lo que pasa en el Peronismo Federal que tiene que jugar permanentemente a dos puntas: apoyar al gobierno para que no se caiga, pero impedir que el kirchnerismo los corra por izquierda y se quede con “LA OPOSICIÓN NACIONAL” (Las mayúsculas son intencionales). Y por otro lado, no pueden excederse en sus críticas al kirchnerismo porque tienen que evitar que se les desangre el peronismo en sus propias provincias. Un panorama difícil.
Otra muestra de equilibrio lo dio Rosana Bertone, gobernadora de Tierra del Fuego, en una situación muy similar a la de Salta. Esta semana dio una entrevista en la que pidió la unidad de toda la oposición (incluyendo a Cristina) pero se fue a Bahía Blanca con Massa a recorrer una planta petroquímica. No quedó muy claro qué hacía ahí, más allá de jugar a dos o tres puntas. Bertone necesita la unidad del peronismo en su provincia para poder reelegir el año que viene. En las últimas elecciones salió tercera.
El Senado, ¿en calma?
En el Senado aparecen otro tipo de problemas. Si bien para Cambiemos el escenario es mucho más previsible (gracias a las gestiones de Miguel Pichetto), adentro del bloque oficialista las cosas no están bien. Quedaron fuertes heridas abiertas después de la votación por el aborto. Pero también se abrió una nueva grieta entre unitarios y federales.
Dada la poca actividad, muchos senadores del interior no quieren venir a Buenos Aires por una mínima reunión de comisión. Eso provocó la ira de algunos senadores que sienten que sus compañeros de bancada no están para defender al Gobierno. Uno de los enojados fue, casualmente, Esteban Bullrich a quien en su momento lo acusaron de beneficiar a Cristina por estar de viaje cuando había que votar su desafuero.
Sea como fuere, en el Senado creen que falta un Emilio Monzó (presidente de Diputados) que ordene la cuestión. Hoy las cuestiones se las reparten entre Pinedo, Humberto Schiavoni, Luis Naidenoff y Michetti. Pero siempre termina yendo Frigerio al Congreso a terminar de destrabar las situaciones conflictivas que puedan surgir.
Otro frente abierto en Cambiemos tiene que ver con la interna entre el PRO y el radicalismo. También quedaron heridas por la inconsulta decisión sobre las tarifas del gas, en un tema sensible para la clase media (que la UCR con razón o no considera su bastión). Fue el propio radicalismo el que avisó que no respaldaba la medida y que obligó al Gobierno a dar marcha atrás. Obviamente esto no cayó bien en el ala dura del PRO.
Factor presupuesto
Mientras el oficialismo intenta mantener cerrado el Congreso, quedan dos temas picantes para las próximas semanas.
La primera es que la oposición no levantó la sesión especial que había pedido para derogar el aumento del gas en 24 cuotas. “Todavía no vimos ninguna resolución publicada al respecto así que queremos ver la letra chica”, explican desde el Peronismo Federal. Por otro lado, en este espacio no termina de convencer la solución que encontraron: “Hay provincias que no tienen red de gas y van a terminar pagando lo que consumen en Buenos Aires”, se quejan.
Pero la batalla más importante en el Congreso es la del Presupuesto. Y el cálculo en el peronismo “racional” es que cuanto más se demore el debate, más difícil será su tratamiento. “Necesitamos que se resuelva rápido para evitar que el efecto ‘reforma jubilatoria’ en que la calle nos exigió votar en contra del ajuste”, explican.
Otro temor sobrevuela este debate: que el Presupuesto 2019 sea votado solo por Cambiemos y que todo el resto se abstenga. Un escenario difícil de cara al futuro en que el Gobierno tendría su presupuesto pero votado en soledad.