Es importante aclarar que las elecciones no se ganan solo con los convencidos (los que ya saben que son votantes de Cristina o de Macri) sino con aquellos que dudan y que no les interesa demasiado la política. El resultado de una elección la determinan los que eligen espantados por la falta de plata en sus bolsillos o espantados por las imágenes de la corrupción; lo definen los que votan al menos malo.
Del lado de la oposición hay quienes también festejan. El armado del “peronismo republicano” (o “peronismo federal” o “peronismo anti K”) ve en estos movimientos dos posibilidades de resurgir.
La primera es que el kirchnerismo retroceda en las encuestas y que la opinión pública erija a esta nueva expresión del peronismo como la verdadera oposición. Difícil que eso ocurra porque el cristinismo tiene una base electoral muy sólida que no cree en estas denuncias. Aunque si la crisis económica se profundiza, podría equilibrarse un poco la balanza.
La segunda es que –jaqueada por las denuncias judiciales- Cristina decida bajarse de la pelea electoral y bendiga a otro candidato (Agustín Rossi, por ejemplo) que traccione parte de sus votos pero que sea “aceptable” para competir en una interna contra el resto del peronismo. Eso permitiría una unidad opositora que hasta ahora parece inviable.
Más allá de todas estas especulaciones, todavía queda una pregunta por responder. Ya pasaron casi 3 años desde que el kircherismo dejó el poder. El Gobierno no le encontró la vuelta a la economía y estamos transitando el peor semestre (esto lo dicen ellos). ¿Tendrá la misma penetración en la opinión pública esta nueva denuncia que la que tuvieron los bolsos de López? ¿Le creerá la impredecible opinión pública a esta nueva denuncia que hace un ignoto chofer casi como un "servicio" a la patria?
¿Funcionará esta denuncia como “analgésico” o será apenas un “placebo”?