El Gobierno necesita unificar el discurso. Se vio en los últimos días: Macri dio una conferencia de prensa para insistir en que la crisis económica fue apenas una “tormenta” externa, generada por las inclemencias del viento. Después de él empezaron a hablar todos: Peña, Frigerio y todos los legisladores que siguen el libreto.

Aunque no les gusta repetir un guión, los radicales esta vez tuvieron que bajar la cabeza. Necesitan sostener a un gobierno del que –quieran o no- son parte. Nadie los obligó a aliarse con el PRO. Ahora no hay salida.

El radicalismo vive en estos días un fuerte debate interno. Se encendieron las alarmas por algunos radicales rebeldes que empezaron a plantear diferencias públicamente con el Gobierno.

“En 1999 fuimos con el Frepaso, en 2002 acompañamos a Duhalde, en 2003 fuimos solos, en 2007 fuimos con Lavagna, en 2009 con Carrió, en 2011 con De Narváez; en 2013 con el socialismo y en 2015 armamos Cambiemos… No tenemos margen para más idas y vueltas”. La frase la pronuncia uno de los miembros más influyentes del bloque radical de diputados.

Existe cierta tensión con el alfonsinismo y otros sectores que plantean romper con Cambiemos. Por eso, ahora la UCR cree que es hora de replegar fuerzas y volver a los orígenes: "Somos fundadores de Cambiemos y ese es nuestro lugar, aunque no nos gusten algunas formas del Ejecutivo".

Frente a esto, muchos dentro del radicalismo están planteando la necesidad de replegar posiciones: bajar las críticas internas, ratificar el rumbo (en algunos casos a regañadientes) y mantener el acompañamiento al Gobierno.

Solo se plantearán disidencias para intentar evitar que las medidas antipáticas del Gobierno (léase, ajuste) impacten en la clase media. La lectura es que el PRO históricamente logró la llegada a las clases populares (por el perfil popular de Macri) y a las clases altas (por el perfil socioeconómico de sus dirigentes). El radicalismo le aportó a la alianza la llegada a la clase media: eso es lo que deben ellos mantener.

En ese sentido, también quieren ponderar el rol que les toca en el Gobierno. Fueron escuchados cuando plantearon las críticas por las tarifas y finalmente esas críticas –creen ellos- le costó el puesto a Juan José Aranguren.

Tienen la jefatura de los bloques de Diputados y Senado y sus líderes (Mario Negri y Luis Naidenoff) participan activamente de las reuniones de Gabinete. Creen que su lugar es importante.

Ahora, están pidiendo que se suspenda la baja de las retenciones a la soja para ayudar a mejorar el resultado de las cuentas fiscales. Gerardo Morales fue el primer vocero pero detrás de él está enrolado todo el partido: “Nadie quiere pagar más impuestos pero tenemos que dar el mensaje de que todos tienen que poner algo”, explican desde la UCR. ¿Lograrán que Macri los escuche?

Mientras estas cuestiones se debaten al interior de la alianza de Gobierno, la Casa Rosada sigue analizando los posibles cursos de acción de la crisis. ¿Realmente pasó lo peor de “la tormenta”?

Los "primos" de oro

Las miradas están puestas en los primos Caputo. Luis “Toto” Caputo, presidente del Banco Central; y Nicolás “Nicky” Caputo, hermano de la vida del Presidente Macri. En ambos confía Macri para terminar de resolver esta crisis en la que jamás había pensado cuando asumió la presidencia.

Luis Caputo es el encargado de dominar la escalada cambiaria. Aunque esta semana el dólar tuvo un leve aumento, existe una sensación instalada de que la crisis ya fue acotada. Caputo no está tan convencido de eso. “Nunca le pierdas el miedo al mercado”, suele repetir como mantra a sus colaboradores.

De todas formas, su presencia al mando de la autoridad monetaria le da la confianza necesaria a Macri para salir a prometer en conferencia de prensa que el año que viene la inflación bajará 10 puntos.

Por estos días, en el interior del Banco Central, encargado de preservar el valor de la moneda argentina, se viven días de mayor tranquilidad en comparación a la zozobra vivida en tiempos de corrida.

Mientras Federico Sturzenegger estaba pendiente de cada uno de los detalles administrativos que sucedían en el Banco, Caputo liberó el torniquete y se dedicó a lo importante: a controlar la tormenta cambiaria. Toda su atención está puesta en la mesa de dinero del Central y en el monitoreo de los agregados monetarios, o sea en el dinero que circula en la economía argentina.

Al asumir se encerraron en una casa junto a sus máximos colaboradores y se dedicaron a preparar una batería de medidas que, todas juntas, permitieran afrontar los días más difíciles. “Fue el fin de semana del debut de Argentina en el Mundial y solo vieron el partido de reojo mientras trabajaban”, cuentan en el entorno de Caputo.

“Toto es un gran jugador de póker y sigue jugando”, describe un operador que lo conoce de cerca. Por eso es difícil saber qué piensa realmente y con qué cartas está jugando: ¿Tiene controlado o no el temporal?

El otro Caputo juega casi como un “plan b”. Quienes transitaron junto a Macri toda su carrea política aseguran que Nicolás “Nicky” Caputo es el único, además de Marcos Peña, que puede hacer cambiar a Macri de opinión. Su vuelta a la mesa chica del poder macrista es fundamental si el ratificado rumbo al que va el Gobierno termina llevando al puerto equivocado.

Esa influencia sería clave a la hora de pegar un último volantazo: trabajar en políticas más activas de intervención en el mercado y promover un gran acuerdo político con el peronismo que dé certidumbre al rumbo del país. Marcos Peña no quiere (¿o no puede?) convencer a Macri de eso. Muchos creen que “Nicky” sería el encargado de esa tarea. Larreta y Vidal, que también vienen impulsando ese pedido, no tienen acceso a ese círculo tan reducido.

Ambos, son las voces más disruptivas en la mesa chica del Gobierno. Piden un mayor reconocimiento de la crisis y un cambio fuerte en los mecanismos de toma de decisión. Por ahora, ellos no lograron convencerlo.

La relación entre Macri, Vidal y Larreta pasa un buen momento. Macri valora el trabajo que ambos están haciendo en sus distritos. Y está conforme en cómo manejan su imagen pública.

“Podemos encontrar a Vidal metiendo la mano en la lata y la gente piensa que está poniendo plata, en lugar de sacarla”, dice un importante asesor en comunicación del PRO.

Los números lo ratifican. Hoy cada vez más encuestas dan a Macri perdiendo contra Cristina en 2019. En cambio Vidal sí podría ganarle a la ex presidenta, aún en este contexto de crisis.

Por eso, algunos ya se entusiasman con una fórmula Macri-Vidal que compense el mal momento en las encuestas de Mauricio Macri. Aunque para eso, todavía falta demasiado.