Cada tanto, sobre todo en periodos de campaña electoral, es bueno recordar que la oportunidad de que alguien que me represente y gobierne se da cada 4 años. Y 4 años es mucho tiempo para esperar.
Cada tanto, sobre todo en periodos de campaña electoral, es bueno recordar que la oportunidad de que alguien que me represente y gobierne se da cada 4 años. Y 4 años es mucho tiempo para esperar.
Por eso, cada vez que tengo una idea de acción política, me tomo el tiempo de reflexionarla y si tengo oportunidad de chequearla con gente que no piense como yo, que no vote como yo, ni milite en mi mismo espacio.
Si después de haber hecho eso, los resultados me demuestran que esa iniciativa sirve para cerrar la grieta y sumar votantes por fuera de mi universo, pienso en cómo aplicarla, en persuadir sin invadir la zona de confort de una audiencia que suele repeler mis acciones. ¡Ah! Y por sobre todo, me planteo si mi candidato la aprobaría y la tomaría para sí.
Después de haber hecho este focus casero, trato de buscar más información; mucha de ella la encuentro en los medios. Se publican diariamente en los principales portales estudios de opinión pública con los cuales puedo estar de acuerdo o no pero tienen un método de investigación y, de mínima, se acercan al pensamiento de distintos segmentos de la población. Si me llegó alguno por chat o redes sociales, me doy un minuto para chequear su origen y autoría también.
Digo, ese será mi proceder si mi objetivo es ganar una elección y colaborar. Si mi motivación es la autosatisfacción, seré feliz de actuar como guste.
Bien, si mi anhelo es que triunfe un modelo con el que me identifico, también me propongo revisar mi comportamiento individual. ¿Colocar de foto de perfil en mis redes sociales la imagen de un candidato o partido y agredir sistemáticamente al que piensa distinto le aporta? ¿Escrachar a un dirigente contrario suma? ¿Suma más si lo agredo personalmente y está con su familia? Compartir ese tipo de comportamiento para hacerlo masivo, ¿realmente tiene un costado positivo que acorte la distancia con mi meta?
¿Burlarme de un contrincante hasta el hartazgo realmente me hace generar empatía con su masa de adherentes, con ciudadanos que lo votaron porque se identifican con él? ¿No me estoy burlando de ellos también? Y en ese caso, cómo justificaría la utilidad de mi comportamiento.
Nota aparte: también pienso que los personajes públicos con incidencia directa sobre la militancia son responsables de sus actos posteriores. Nadie con grandes volúmenes de seguidores es ingenuo a esta realidad.
El militante “certificado tilde blanco sobre escarapela azul” guía al colectivo y podría no tener verdades absolutas. En general el proselitismo de base es horizontal y su voto vale como el mío. Por eso trato de ser selectivo, adherir en lo que comparto y discutir públicamente lo que no, sin miedo y quizás también sin incidencia en conductas generales pero tratando de aportar un punto de vista diferente.
Quizás esta visión sobre qué es la militancia sea para mí, o sea para contar cómo pienso a la militancia como concepto. De lo que sí estoy seguro es de que 4 años es mucho tiempo para volver a tener una oportunidad.
(*) Consultor político