El otro bloque son los que venían bancando y ahora miran de reojo. Peronistas sueltos, tucumanos, radicales con peluca. Rodrigo de Loredo es el caso testigo: negoció con La Libertad Avanza para entrar en la lista en Córdoba. Le ofrecieron el tercer lugar. Dijo que no. La libertad no es tan atractiva cuando te toca acompañar desde atrás.
Los gobernadores ya anunciaron que van a sostener sus votos originales. Habrá que ver si algunos diputados se ausentan. En ese caso, baja el denominador y se necesitan menos votos para sostener el veto. Si todos están sentados, hacen falta 86. Si 7 se ausentan, solo se necesitan 83... y así sucesivamente.
En el Gobierno dan casi por perdida la batalla por la emergencia en discapacidad. Tampoco es tan importante fiscalmente.
Lo que puede hacer un agujero es el aumento a las jubilaciones y la moratoria. En esta última, la oposición no tiene los votos.
De todos modos, la derrota -si se concreta- va a tener impacto. El resultado es un gobierno cada vez más aislado, que se abraza a una cifra como si fuera una estampita: “Vamos a ganar por más del 40%”, dijo Guillermo Francos en las últimas horas. No porque estén convencidos, sino porque necesitan que el mercado lo crea.
Ese número proyectado cumple una función: setear expectativas. No se trata solo de campaña, sino de gobernabilidad futura. Una victoria amplia apuntala el plan económico; una victoria estrecha, lo deja tambaleando.
El problema es que el Gobierno llega al inicio de la campaña en su peor momento político. Las listas ya están cerradas. Las reglas del juego ya están fijadas, los candidatos también. Y faltan dos meses muy largos hasta las elecciones. Dos meses de fuego cruzado, fragilidad económica y alianzas quebradas.
En ese interín, todo el equilibrio del programa económico está en juego. Esos dos meses pueden ser eternos.
El Gobierno apuesta a ganar por más del 40%. Pero en estos dos meses no se vota una cifra: se vota si el modelo sigue vivo o ya entró en cuidados paliativos. Porque cuando hasta tus aliados te sueltan, ni la motosierra alcanza para cortar la caída.