“No fue un 'te lo dije' a Horacio (Rodríguez Larreta) pero le remarcó que había una intención clara de la Casa Rosada, y en especial de la vicepresidenta, de ir tras él”, explicó uno de los presentes.
Pero Macri también empezó a aceptar una idea que hace tiempo plantea tanto Rodríguez Larreta como la ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, y el sector que representan el ex ministro de Interior, Rogelio Frigerio, y el ex presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó: la necesidad de abrir Juntos por el Cambio.
El encuentro en Vicente López contó, además, con la presencia de Omar De Marchi, Patricia Bullrich, Diego Santilli, Néstor Grindetti, Federico Angelini, Laura Rodríguez Machado, Jorge Macri, Eduardo Macchiavelli y Humberto Schiavoni.
"Después de un año muy difícil para todos, nos reunimos para reafirmar nuestro compromiso de seguir más unidos que nunca", escribió en redes sociales Bullrich tras la reunión.
La tregua interna entre Macri y Rodríguez Larreta tiene su punto neurálgico en la estrategia que tendrá no sólo el PRO sino Juntos por el Cambio para el año que viene. Es así en donde Larreta logró imponer su mirada de que “entre ellos (por el Frente de Todos) y nosotros no tienen que haber nada”.
Frase que repite a su equipo desde principio de año. El jefe de Gobierno sigue convencido de que lo central es mantener la unidad de la colación opositora pero con algunos cambios en su idea original de evitar la confrontación; algo que Macri nunca estuvo del todo de acuerdo en lo que respecta a la no respuesta.
Ese click en Rodríguez Larreta llegó con la poda de la coparticipación. Sin mucho ruido, y en el medio de la presentación de un Presupuesto con el ajuste sobre el ajuste, Rodríguez Larreta le dio un golpe a la estrategia monetaria del Gobierno al quitar la exención de Ingresos Brutos que tenían las LELIQ y los pases entre bancos, y la suba de un punto porcentual de ese tributo (pasó de 7% a 8%).
El enojo en el ministro de Economía, Martín Guzmán, y en el titular del BCRA, Miguel Pesce, fue mayúsculo al punto tal de no sólo ir a la Corte Suprema para que declare la inconstitucionalidad de la medida, es decir de la potestad de las provincias para establecer impuestos propios, sino que la presión de la Casa Rosada hizo que algunos gobernadores, como es el caso del tucumano Juan Manzur, se quejen de ese tributo que en muchos casos, como el de él, cobran en sus propias provincias.