Cuba sufrió este lunes un nuevo apagón generalizado luego de que el sistema eléctrico nacional colapsara por completo, un episodio que dejó sin suministro a toda la isla y profundizó la crisis energética que atraviesa el país desde hace meses.
El colapso del sistema eléctrico provocó un nuevo corte generalizado en todo el país. La estatal Unión Eléctrica de Cuba confirmó una desconexión total de la red y advirtió que la recuperación podría demorar por el deterioro de la infraestructura y el fuerte déficit de generación.
Cuba vive horas de tensión con cortes de electricidad que afectan al 68% del país. (Foto: Reuters).
Cuba sufrió este lunes un nuevo apagón generalizado luego de que el sistema eléctrico nacional colapsara por completo, un episodio que dejó sin suministro a toda la isla y profundizó la crisis energética que atraviesa el país desde hace meses.
La estatal Unión Eléctrica de Cuba informó que se produjo una “desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional” y que se activaron protocolos de emergencia para iniciar el proceso de restablecimiento del servicio. Sin embargo, las autoridades advirtieron que la recuperación podría demorar varias horas debido al estado de la infraestructura y a la magnitud de la falla.
El apagón se registró en medio de un escenario energético extremadamente frágil. Horas antes del colapso, la empresa estatal había anticipado que durante el horario de mayor consumo cerca del 62 % del país quedaría sin electricidad por la brecha entre generación y demanda.
Las proyecciones indicaban que el sistema solo contaba con unos 1.220 megavatios disponibles frente a una demanda estimada de 3.150 MW, lo que dejaba un déficit cercano a los 1.930 MW.
Gran parte de la infraestructura eléctrica cubana presenta un fuerte deterioro y opera con frecuentes fallas. En la actualidad, nueve de las 16 unidades termoeléctricas del país están fuera de servicio por averías o tareas de mantenimiento, lo que limita severamente la capacidad del sistema para abastecer la demanda interna.
Desde 2022 los cortes de electricidad se volvieron cada vez más frecuentes y hoy constituyen uno de los principales problemas cotidianos para la población y la economía. La escasez de combustible, las dificultades para financiar reparaciones y el envejecimiento de las centrales han reducido progresivamente la capacidad de generación.
A comienzos de marzo, el déficit energético ya había provocado que hasta el 68 % del país quedara sin electricidad al mismo tiempo, una de las mayores afectaciones registradas en los últimos años.
El sistema energético de la isla depende en gran medida de centrales termoeléctricas antiguas y de combustibles importados, principalmente petróleo. La combinación de equipos obsoletos, falta de inversiones y dificultades para acceder a combustible ha agravado la crisis en los últimos meses.
Las consecuencias del colapso eléctrico se extienden a múltiples sectores. Hospitales, escuelas, industrias y servicios básicos sufren interrupciones recurrentes, mientras que numerosos comercios y hogares enfrentan largas horas sin energía.
En paralelo, el deterioro del sistema eléctrico también comenzó a impactar en el clima social. En distintos puntos del país se multiplican las quejas y protestas por los prolongados cortes de luz, que afectan la conservación de alimentos, el trabajo cotidiano y la vida diaria de millones de personas.
La situación se produce además en un contexto internacional adverso, con el precio del petróleo en alza y tensiones geopolíticas que encarecen el acceso a la energía en el mercado global, lo que añade presión adicional sobre la frágil matriz energética cubana.