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POLÍTICA

Lo que no se vio en TV de un debate en el que cada uno fue a pescar en su propia pecera

Lo que no se vio en TV de un debate en el que cada uno fue a pescar en su propia pecera
Todos los candidatos en el debate presidencial

Cada uno le habló a su público. Nadie (salvo algunos pasajes de Del Caño contra Alberto) fue a buscar el voto ajeno. Así transcurrió el segundo debate presidencial.

Cuando terminó el debate el macrismo estaba exultante, mucho contraste respecto al debate anterior. El albertismo estaba más dudoso. Intentaban transmitir optimismo, pero se dejaba traslucir cierto descontento. Especialmente en el peronismo porteño, el que más juega en esta elección: necesita cada voto para intentar meterse en el balotaje contra Larreta.

Mauricio Macri llegó al escenario mucho más confiado, con la tranquilidad que tenía antes de ser presidente y que no había recuperado en los 4 años de su gestión. Alberto Fernández llegó un poco más formal, evitando ciertas poses que lo hacían quedar despectivo en el debate anterior: se sentaba más derecho, tomaba menos agua, gesticulaba menos.

A lo largo del debate, Alberto perdió esa corrección y redobló la apuesta en agresividad en contra de Macri. “Dedicaron mucho tiempo a mi índice que solo marca errores e inconductas. Sería bueno que nos dediquemos a otros índices, como la inflación”, empezó con una chicana breve. Transitó los primeros tramos del debate (tema inseguridad, con el que no estaba cómodo) sin demasiado cruces.

Macri aprovechó para pegar en ese tema y hacerse fuerte. “Apoyamos a nuestras fuerzas de seguridad. Creemos en ellas”, dijo en referencia a la desaparición de Santiago Maldonado. Macri estaba firme. Escuchaba con atención lo que decían sus rivales (a diferencia del debate anterior). Se sentaba cuando no era su turno y se paraba un turno antes para precalentar. Anotaba bastante: en algunos tramos del debate hasta río y sonrío. Macri logró llevar al debate la mística del #SíSePuede.

“Así son ellos, no van a cambiar. Nosotros estamos con las víctimas del delito”, insistía Macri chicaneando. Alberto, sentado, lo miraba sobrando con su típica risa de costado. Todos salvo del Caño se sentaban cuando no hablaban; signo de una campaña agotadora.

A partir del segundo tema, Alberto empezó a pegar más y a redoblar la apuesta. “Tenemos un presidente que piensa que el trabajo es un costo. El presidente uberizó a la economía argentina”. Macri cambió el semblante. No le gustó. Tragó saliva. “Tenemos tarifas dolarizadas que solo benefician a los amigos del presidente”, insistió. Macri sentado, brazos cruzados, ya no le gustaba el tono.

“La obra pública era una matriz de corrupción. Lavagna renunció denunciando esto. Ellos son así. Cuando gobiernan creen que son los dueños de la plata de los argentinos”, contestó Macri. Alberto rió con risa irónica.

Cuando fue su turno contestó: “¿Usted en el clan Macri no vio la corrupción en la obra pública. Después nos contó cuando su padre murió que era el responsable”. En ese momento Macri se paró, se puso rojo y cruzó los brazos; no le gustó y lo dejó mal. Fue el único momento del debate en que perdió la compostura.

Espert le preguntó por corrupción a Alberto. “Cuando tuve diferencias renuncié y me fui a mi casa sin causas. No es la suerte del presidente donde lo esperan más de 100 causas”, dijo el candidato del Frente de Todos.

Es de mal gusto citar a una persona que no se puede defender”, contestó luego Macri. Alberto hacía que sí con la cabeza, como quien finge demencia.

En cada crítica, cada vez que lo intentaban empardar con “lo peor del kirchnerismo”, Alberto se sentaba para atrás y reía. Por otro lado, miraba serio a Lavagna cada vez que el exministro hablaba y asentía con la cabeza como en el primer debate. No hubo palabras duras entre ellos.

A medida que transcurría el debate Macri ganaba en agilidad, estaba más cómodo. En los últimos dos temas (Federalismo, Calidad Institucional y Rol del Estado; y Desarrollo Social, Ambiente y Vivienda) se encargó de hablar rápido contando lo que hizo para luego pegarle al kirchnerismo. “Dicen que quieren la libertad de prensa pero fantasean con la Conadep para juzgar a periodistas como si fueran terroristas de Estado”, criticó.

En algunos tramos Alberto se ponía nervioso. Jugaba con los dedos sobre el atril. Tomaba su bebida pomelo (como en el primer debate).

Ambos fueron igual de duros en los cruces. Pero para importantes dirigentes del Frente de Todos, esa estrategia fue funcional a Macri. Incluso en el lavagnismo porteño festejaban que ese tono podría restarle votos a Lammens.

Mientras esta pelea se daba en el margen izquierdo del escenario, los otros cuatro candidatos hacían su juego. Todos intentaron consolidar el voto propio, más que ir a robar el ajeno.

Espert repartió para los dos por igual: “Deberían hermanarse, Abrácense, tan diferentes no son”, dijo en un tramo. Risa tenue en el público cuando planteó su plan antipiquetes. “Piquetero que corta la calle o la ruta, piquetero que termina preso. ¡Cuidado Grabois, conmigo!”

Lavagna siguió con su propuesta conceptual, sin mucho margen para convencer a ajenos. En el primer tema mientras criticaba la “mano fofa” en seguridad, se perdió y suspiró. Se hizo un silencio y finalmente salió del problema. En el resto del debate estuvo correcto. Cerró con un extraño “Viva la patria”, que generó murmullos en el público.

Nicolás Del Caño es el único candidato que estuvo todo el tiempo parado. Mejoró su discurso y lo depuró. Apunto mucho contra Alberto Fernández y el kirchnerismo (“Aliados de burócratas sindicales que firma convenios a la baja”). Se llevó la risa del público cuando comparó a Pichetto con el personaje nazi de Capusotto Micky Vainilla.

Gómez Centurión agudizó su discurso mano dura: “No tengo miedo de enfrentarme al progresismo cultural", dijo. Siguió perdido con los tiempos y nunca le alcanzaron los segundos.

Cuando terminó el debate se saludaron todos. El saludo de Macri y Alberto fue frío. Por insistencia de Gómez Centurión todos se acercaron para la foto final. Macri y Alberto quedaron uno al lado del otro. En el público empezaron a aplaudir cada vez más fuerte. Muchos gritaban “Argentina, Argentina”.

Así, más allá del debate, por primera vez la Argentina tuvo una foto oficial de todos los candidatos presidenciales juntos arriba de un escenario. No es poco.

por Pablo Winokur @pablowino
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