Hay momentos dentro de mí que mi cerebro jamás olvidará.
Tus "te amo" pegajosos y constantes los voy a tener siempre muy cerquita. Creo que no hubo un solo día en el que no haya escuchado, con esa voz tan peculiar que tenías, un "te amo, hijo".
Nunca pretendiste ser algo que no eras. Siempre tuviste pasión por todo lo que hiciste, algo que muchos mueren sin sentir, y vos lo hacías con toda plenitud.
Estabas llena de alegría. Yo era tu todo y, aunque me costaba admitírtelo y quizá nunca lo hice, vos también eras el mío.
Eras muy clara con tus ideales, deseos y goles. Tus rebeldías tenían propósito porque siempre luchaste por hacer que todo lo que tocaras o alcanzaras mejorara.
Tu ida no es como una común. Me aparecés en la tele, en las noticias, en los foros. Escapar de esta pérdida va a ser difícil, pero trae algo bueno. Porque mucha gente te admiraba y amaba lo que representabas.
La cantidad de mensajes que me llegaron me sorprendieron. Me habla gente que no conozco, que no sé quién es, solo para decirme que las risas y los momentos hermosos que les hiciste vivir les quedaron. Que tu impacto fue real.
Con esa sonrisa de cachete a cachete que podía iluminar hasta la habitación más oscura, te voy a recordar.
Con esa carcajada que se escuchaba desde la otra punta de la casa, te voy a recordar.
Con esas ansias de verme bien a pesar de todos mis errores, te voy a recordar.
Con esa niña que vivía en tu interior, te voy a recordar.
Sos, fuiste y serás eterna. Te amo, mamá.