Delegar no es ordenar, no es pedir ni desligarse de una determinada tarea. Es necesario precisar qué es lo que hay que hacer, cuál es el rol de la persona en cuestión y saber con claridad cuál es el fin de la misma. Quien recibe nuestra confianza debe estar plenamente al tanto de nuestras expectativas.
2. Elegir sabiamente
En muchas ocasiones determinar a quién le delegamos una tarea pasa por las personas que se encuentran en la cercanía del empresario.
Lo ideal es buscar a la persona adecuada, aquella que posea un potencial a descubrir mediante su desarrollo. Hay que hacer una evaluación de sus capacidades y motivaciones para trabajar en la empresa.
3. Ser claros con el mensaje
A la hora de delegar, la comunicación efectiva es fundamental. Se debe tratar de que el mensaje sea simple pero al mismo tiempo que englobe todas las necesidades que la tarea conlleva. Los colaboradores deben tener toda la información necesaria para poder comenzar.
4. Aportar experiencia y recursos
Delegar no es solo el “qué” y el “cómo” resumidos en nuestro habla. Para que nuestro colaborador pueda comenzar es necesario que entienda las herramientas que va a utilizar y que logre aplicar también su impronta en el accionar. La tarea debe hacerse de forma efectiva y en el menor tiempo posible.
5. Debe haber una meta y un tiempo
Todas las tareas tienen un objetivo, un fin al que se debe aspirar y, por supuesto, un plazo temporal determinado.
Es importante que el colaborador comprenda la importancia de la tareas así como también el tiempo límite que tiene para que se complete.
6. Brindar un feedback:
Todas las personas necesitan saber si están siendo eficaces en su trabajo, quien recibe la tarea como también quien la delega. Es importante, entonces, aprovechar la oportunidad para que el colaborador nos indique un feedback sobre la tarea. ¿Se sintió cómodo? ¿Qué puede hacer mejor la próxima vez? Es información que resulta útil tener a disposición y que quede como aprendizaje.