“Mi idea era seguir jugando a la pelota pero con la pandemia no se pudo hacer más nada. Entonces, nos miramos con mi señora y nos preguntamos: Qué hacemos ahora. En ese momento, me miró y me dijo que siga para adelante con las hamburguesas”.
En ese instante, Diego se decidió. “Armamos una cocina en el local/depósito de mi papá y empecé a vender hamburguesas por encargo, ya que no había nadie en la calle”, explica.
Fue ahí cuando se prendió la lamparita. “Llegaban los fines de semanas y no sabía cómo responder la cantidad de pedidos. Yo atendía el teléfono, cocinaba y salía a repartir. No daba abasto. Ahí le pedí a un amigo que me ayudara. Arrancamos, y hasta ahora nunca paramos”, enfatiza Jaime.
“Con lo que pudimos nos fuimos equipando, porque encima, en medio de la pandemia, muchos proveedores no trabajaban. Entre otras cosas compramos una freidora, planchas, mesada. Nos dimos cuenta que para solventar los pedidos teníamos que invertir. (Hasta junio de 2021) solo hacíamos delivery)”, señala el flamante emprendedor.
Y resalta: “Después nos decidimos poner un local en el centro comercial de González Catán, desde donde recibíamos muchos pedidos. Encontramos un local a buen precio, porque estábamos en medio de la pandemia, y nadie quería abrir un local”.
Proceso de expansión
“En octubre de 2021 abrimos un nuevo local en Laferrere porque mucha gente de ahí nos pedían que vayamos. En un año pasamos de una plancha en un depósito a tres locales en total (el primero de Dorrego lo mantenían)”, comenta Diego.
“Luego abrimos otro local en Laferrere y en mayo de este año llegamos al shopping de González Catán”, celebra el empresario durante la entrevista.
En ese sentido, afirma: “Esto es la coronación de todo lo que fuimos haciendo poco a poco y con esfuerzo. Es como jugar en primera. Muchas veces me siento en el patio de comidas, miro el local y no puedo creer todo lo que hicimos”. Asimismo, destaca, “somos 50 familias que vivimos de esto. Lo estamos disfrutando. Con sacrificio y acompañamiento de la familia, se puede. Una vez que te animás y te metés, las cosas van sucediendo”, dice.
“La mercadería la compramos a proveedores propios. Nos diferenciamos por la calidad de la carne, la abundancia, la atención, el packaging y buenos precios (un combo de hamburguesa con queso cheddar, papas y gaseosa cuesta $500)”, asegura el creador de Morfi Burguer, que no para de imaginar el futuro de su nueva pasión.
“Tenemos muchos pedidos para abrir franquicias, en el interior y en otros países como Ecuador y Estados Unidos (Miami). Les gustó la historia y quieren ser parte. Por eso, ahora, queremos expandir la marca”, concluye el futbolista que se transformó en emprendedor gastronómico y lo disfruta, casi tanto, como un gol en primera.