Según la tradición, ese perro le robaba pan a su dueño y se lo llevaba a San Roque para que comiera en los años en los que estaba excluido por la peste. Por eso es que se lo considera patrono de los enfermos y de las mascotas.
Incluso, hay versiones que cuentan que, todos los días, el perro lamía las úlceras del cuerpo de San Roque, quien había contraído la peste tras oficiar como voluntario para la atención de otros enfermos en el hospital Aquadependente.
Además, existe un dicho popular que perdura y que vincula a este santo con los perros: “¡San Roque, San Roque! ¡Que este perro no me mire ni me toque!”. Este refrán se hizo masivo durante una epidemia de rabia, y se lo pronunciaba con la intención de invocar la protección del santo.