La escena generó confusión y desorden en una arteria tan transitada como la avenida Rivadavia. En ese contexto, Edith Sola, de 47 años, se acercó para intentar entender qué había ocurrido. En medio del caos, un colectivo de la línea 55 la atropelló, causándole la muerte en el lugar. De acuerdo con crónicas periodísticas de la época, los semáforos funcionaban de manera deficiente: el cruce con Morelos no tenía señalización y los de las esquinas cercanas estaban descoordinados.
La sucesión de desgracias continuó. Un hombre que había sido testigo del dramático episodio comenzó a sentirse mal. A pesar del impacto emocional, logró cruzar la avenida Rivadavia y pedir ayuda en una concesionaria de autos ubicada enfrente. Allí se descompensó. Fue asistido de inmediato por personal médico que ya estaba en la zona, pero sufrió un paro cardíaco y murió durante el traslado al hospital. Su identidad nunca trascendió.
El caso tuvo repercusión nacional. El diario Clarín le dedicó un lugar destacado en su tapa del día siguiente, con una crónica firmada por el periodista Enrique Sdrech.
Esta tragedia urbana, tan absurda como real y con rasgos de un guion cinematográfico, sigue generando asombro hasta hoy. No fue una ficción: ocurrió realmente.