"Es más como una cueva dentro del barco. Se puede acomodar a bastantes personas allí, pero es un poco estrecho. Cuando estás dentro del barco y el agua se agita un poco, sientes mucho más las olas. Hay dos entradas en la roca, una para subir y otra para poner en marcha el motor", explicó Berthier.
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Lo que parecía ser producto de la naturaleza, una piedra gigante, parte de un acantilado, o cualquier cosa que uno se imagine viendo ese objeto sin estar cerca, se trataba de un barco camuflado.
El proyecto de arte comenzó en septiembre de 2020, pero las restricciones de Covid significaron que la nave no se lance hasta este verano europeo
"Cuando está al lado de las rocas, el barco está realmente camuflado, lo que lo hace prácticamente invisible. Tiene un elemento de supervivencia. Quería que encajara con la naturaleza tanto como fuera posible", agregó.
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El artista Julien Berthier, de 46 años, fue quien construyó dicha rareza. Le tomó seis semanas convertir un bote viejo, utilizando principalmente poliestireno y resina epoxi.
Julien construyó el barco rocoso como parte de una residencia organizada por el artista Thomas Mailaender para los hoteles TUBA Club.