Y eso sin contar que distintas culturas aún hoy siguen otros calendarios, como el hebreo (año 5785), el islámico (1446) o el chino (4722). ¿Quién dice que el nuestro es el “correcto”?
Aunque la idea de que estemos en el año 1728 suena a episodio de Black Mirror, este tipo de preguntas revelan algo más profundo: la construcción del tiempo como una convención social. Si el calendario es una herramienta para organizarnos, ¿qué pasa cuando esa herramienta está mal calibrada? ¿Cuánto dependemos de estructuras invisibles que asumimos como ciertas?
Entonces… ¿qué año es?
Si vas a pagar impuestos, seguí usando 2025. Pero si buscás una excusa para cuestionar lo establecido, esta historia puede ser una puerta de entrada a uno de los mayores rompecabezas históricos: cómo decidimos en qué tiempo vivimos. Porque al final, como dijo alguna vez Einstein, “el tiempo es una ilusión”.