También se destaca por la sombra que proyecta durante el verano. En patios interiores o jardines con poca superficie, esa cobertura puede ayudar a bajar la temperatura del ambiente exterior y aportar una sensación de frescura alrededor de la vivienda.
Un árbol resistente y de bajo mantenimiento
El arce no exige cuidados complejos. Durante sus primeros años necesita riegos regulares para desarrollar bien sus raíces, pero cuando ya está establecido puede tolerar períodos de sequía y veranos calurosos con menor demanda de agua. Esa característica resulta especialmente útil en zonas donde el riego debe administrarse con cuidado.
Para crecer en buenas condiciones, necesita un suelo profundo y con buen drenaje. No requiere fertilizaciones frecuentes, aunque al momento de plantarlo puede favorecerse su adaptación con compost, humus de lombriz o materia orgánica. Ese aporte ayuda a mejorar la estructura del suelo y la disponibilidad de nutrientes.
Otra ventaja es que tolera bien la poda. Esto permite controlar su forma y altura sin afectar el desarrollo general de la planta, algo importante cuando se lo incorpora en espacios chicos o cerca de construcciones.
Cómo plantarlo para que crezca bien
El primer paso es elegir un lugar con buena luz. Lo ideal es que reciba sol por la mañana y sombra parcial durante la tarde, especialmente en los períodos de más calor. También se recomienda dejar al menos 2 metros de distancia respecto de paredes u otras construcciones.
Antes de ubicar el ejemplar, conviene preparar un pozo del doble del tamaño de sus raíces. Si el arce viene en maceta, hay que retirarla con cuidado y aflojar apenas las raíces externas para estimular su expansión. Al colocarlo, el cuello de la planta debe quedar al nivel del suelo, sin enterrarlo de más.
Luego se rellena con la tierra mejorada y se afirma suavemente. Un riego profundo ayuda a asentar el sustrato. Durante los primeros meses, el riego debe ser regular para mantener la humedad sin encharcar.
Por último, puede colocarse un acolchado natural con corteza u hojas secas alrededor de la base. Este recurso ayuda a regular la temperatura del suelo, conservar la humedad y reducir la aparición de malezas. Si el árbol es joven, también conviene protegerlo de vientos fuertes hasta que se afirme.