El riesgo aumenta si el auto está estacionado en una pendiente. En ese caso, la inclinación del terreno puede acentuar el reparto desigual del peso y sumar exigencia sobre elementos como amortiguadores y rótulas. También puede favorecer un desgaste irregular de las cubiertas, algo que muchas veces se detecta recién cuando aparecen vibraciones, ruidos o una pérdida de confort al manejar.
Por qué algunos autos pueden sufrir más
Vicente Pizarro señaló que el efecto puede ser más marcado en vehículos de gama alta, como modelos de BMW o Mercedes-Benz. La explicación está en el diseño de sus sistemas de dirección, que pueden incorporar un ángulo de avance —también conocido como caster— más pronunciado. Ese ajuste ayuda a mejorar la maniobrabilidad y el agarre en curvas a mayor velocidad, pero tiene una contracara cuando el auto queda detenido con las ruedas giradas.
En esas condiciones, una porción muy pequeña del neumático puede quedar soportando buena parte del peso del eje delantero. Aunque la cubierta está preparada para trabajar bajo carga, no está pensada para hacerlo durante períodos prolongados con el apoyo concentrado en un punto tan reducido. Con el tiempo, esa exigencia puede traducirse en deformaciones, desgaste prematuro o señales de fatiga en distintos componentes.
La recomendación simple para evitar desgaste
El consejo del mecánico es directo: siempre que sea posible, conviene estacionar en una superficie plana y dejar la dirección recta. Mantener el volante centrado ayuda a que el peso del vehículo se reparta de forma más pareja y reduce la tensión sobre la suspensión y el sistema de dirección asistida.
Como ocurre con muchas prácticas de mantenimiento, la clave está en la repetición. Una vez no necesariamente provocará una avería, pero convertirlo en costumbre puede acelerar desgastes que después se pagan en el taller. Revisar cómo queda el volante antes de apagar el auto lleva apenas unos segundos y puede ser una forma sencilla de cuidar neumáticos, dirección y suspensión.