A la limpieza de los filtros le sigue otra práctica fundamental: la revisión de la unidad interior. Aunque muchos creen que el interior del aparato está protegido del polvo y que por eso no requiere mayor atención, lo cierto es que los serpentines suelen acumular partículas microscópicas que, con el tiempo, se convierten en una película de suciedad que dificulta el intercambio térmico. Una limpieza suave con aspiradora o un paño húmedo, sin productos abrasivos ni herramientas que puedan dañar las aletas, resulta suficiente para retirar gran parte de los residuos.
Pero hay un punto que, según los expertos, muchas veces se pasa por alto y que puede generar consecuencias más graves: la presencia de hongos y bacterias en el evaporador. Cuando el aire acondicionado se utiliza durante el verano y luego queda inactivo durante meses, la humedad residual del sistema interno se convierte en el ambiente perfecto para el crecimiento de microorganismos. Esto no sólo provoca el característico “olor a humedad” que sale de algunos equipos al encenderlos, sino que puede impactar negativamente en personas con alergias o sensibilidad respiratoria. Para esto, los aerosoles específicos para limpieza de evaporadores o una mezcla suave de agua con alcohol isopropílico resultan las herramientas más utilizadas.
La revisión del desagüe aparece como otro paso clave en este proceso de preparación antes del verano. Las obstrucciones en la manguera pueden causar goteos hacia el interior de la casa, manchas en las paredes o incluso un incremento en la humedad del ambiente. “Cuando se tapa el drenaje, el agua no tiene manera de salir y empieza a acumularse dentro del equipo”, explican técnicos de mantenimiento. La recomendación es clara: verificar el flujo de agua y asegurarse de que la manguera no presente tapones de sarro o suciedad, algo que puede resolverse incluso soplando suavemente desde el extremo exterior.
Mientras tanto, la unidad exterior —esa que suele quedar en balcones, patios o terrazas— también requiere cuidados. Es habitual que durante el otoño e invierno se acumulen hojas secas, polvo, telarañas y otros restos que terminan afectando la ventilación. Los especialistas advierten que si el condensador no tiene la circulación de aire adecuada, el motor trabaja con más esfuerzo y la eficiencia disminuye notablemente. La sugerencia es retirar todo elemento que obstruya el paso del aire, limpiar con un cepillo las aletas externas y evitar el uso de agua a presión, que puede doblar los paneles metálicos.
Algunos técnicos recomiendan incluso revisar el estado de las aletas del condensador y, si presentan deformaciones, enderezarlas con un peine especial, una herramienta económica que se consigue en ferreterías y mejora el flujo de aire del equipo.
Una vez realizadas las tareas básicas de limpieza, los especialistas sugieren encender el aire acondicionado en modo frío durante algunos minutos, incluso si el clima aún no lo requiere. Se trata de una prueba importante para observar si el aparato enfría adecuadamente, si genera ruidos extraños o si persisten olores indeseados. “Es preferible detectar un problema en noviembre que descubrirlo en plena ola de calor, cuando los servicios técnicos están saturados”, remarcan.
Sin embargo, más allá de todos los cuidados que los usuarios puedan realizar por cuenta propia, los expertos advierten que al menos una vez al año se recomienda una limpieza profesional. Los técnicos cuentan con herramientas y productos específicos para desinfectar el evaporador, medir la presión del gas refrigerante y detectar posibles fugas. Este mantenimiento anual no sólo prolonga la vida útil del equipo, sino que permite identificar fallas antes de que se conviertan en problemas más costosos.
Aunque algunos usuarios recurren a soluciones caseras para perfumar el aire acondicionado, los especialistas desaconsejan colocar aromatizantes o esencias dentro del aparato. “Sólo generan más suciedad y obstrucciones”, explican. La clave, coinciden, no es disimular olores, sino mantener los filtros limpios y el evaporador libre de hongos.
A medida que la temporada de calor avanza, miles de personas vuelven a encender sus equipos después de meses sin uso. Muchos encuentran que su aire acondicionado no enfría como antes, genera ruidos, gotea o emite olores desagradables. Pero en la mayoría de los casos, esas fallas podrían evitarse con una limpieza preventiva. Los especialistas insisten: un aire acondicionado limpio no sólo enfría mejor, sino que consume menos energía y resulta más saludable para quienes conviven con él.
En tiempos donde cada kilovatio-hora cuenta y donde las altas temperaturas se vuelven cada vez más intensas y prolongadas, el mantenimiento preventivo se transforma en una necesidad más que en una recomendación. Las empresas de climatización afirman que la demanda de limpieza aumenta año tras año, impulsada tanto por la mayor conciencia de los usuarios como por la necesidad de garantizar equipos que funcionen a plena capacidad durante las semanas más calurosas.