Así nació Bunker, una marca de moda circular que comenzó en un departamento de Colegiales y fue creciendo hasta instalarse en un local de tres plantas en Palermo. Con el tiempo, el emprendimiento cruzó las fronteras argentinas y llegó a Barcelona, España, donde abrió una nueva sede.
La propuesta apunta a la compra y venta de ropa de segunda mano en buen estado, de marcas reconocidas y a precios más accesibles. Cada prenda pasa previamente por un proceso de selección para verificar su estado antes de ponerse nuevamente a la venta.
Además, quienes tienen ropa que ya no utilizan pueden acercarla para venderla bajo el sistema de consignación.
Pero detrás del negocio también hay una decisión personal de Iara: replantear la manera en la que se consume moda.
“Queremos que comprar ropa usada deje de ser un plan alternativo para convertirse en una elección consciente”, explicó la empresaria al hablar del espíritu de su proyecto.
Su preocupación por el ambiente tampoco apareció de la nada. Iara tuvo contacto con estas problemáticas a través de Conciencia, el emprendimiento social creado por su padre, y con el tiempo incorporó esa mirada a su propio proyecto.
Lejos de quedarse únicamente con el rol empresarial, además, participa de distintas áreas del negocio. La gestión, la administración, la selección de prendas y hasta cuestiones operativas forman parte de su día a día.
Y el proyecto siguió creciendo. A la propuesta física se sumó también la venta online y un sistema de delivery propio, con el objetivo de acercar las prendas a nuevos clientes y adaptarse a los cambios en los hábitos de consumo.
Así, la hija mayor de Julián Weich terminó encontrando un camino propio después de varios intentos. Dejó atrás las carreras que había comenzado, se animó a cambiar de rumbo y convirtió una pequeña idea nacida con ropa usada en un emprendimiento que hoy llegó hasta Europa.