La confesión más cruda llegó cuando explicó cómo podía mentirle a alguien mientras, al mismo tiempo, era consciente de que estaba actuando para conseguir dinero destinado a comprar droga. Como ejemplo, contó que podía inventar una necesidad laboral para pedirle plata a una persona y asegurarle que se la devolvería, aunque su verdadera intención fuera otra.
“Tengo un montón de cosas que escribir y no puedo escribir. Yo te lo devuelvo de tal manera, a tal hora, tal cual, sabiendo en ese momento que yo tenía que ir a la estación a comprar merca”, relató sobre las excusas que utilizaba durante aquella etapa.
Y agregó una frase que resume el estado en el que asegura haber estado: “En ese momento toda mi concentración estaba en que vos me dieras esos 100 pesos que tenías ahí a mí. Sí, yo era eso”.
El relato volvió a cobrar repercusión en un contexto especialmente delicado para el escritor. Un grupo de 18 inversores presentó una denuncia penal contra él y contra la operatoria de Orsai Audiovisuales. Los denunciantes sostienen que aportaron dinero para financiar distintas producciones y que, según sus planteos, hubo promesas de rentabilidad que no se cumplieron, falta de documentación suficiente para verificar los movimientos económicos y posibles transferencias de fondos entre proyectos sin consulta previa.
De acuerdo con la presentación, las inversiones individuales oscilaron entre 50 y 3.000 dólares, y varios participantes aseguran que no recuperaron el capital aportado. La causa quedó en manos del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 34 y de la Fiscalía N.º 16 de la Ciudad de Buenos Aires, según la información proporcionada sobre la denuncia.
El contraste entre ambos episodios resulta inevitable, pero también exige una distinción fundamental: la confesión de Casciari se refiere a conductas que describió como parte de su pasado de adicción.