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"Lo único que te da conciencia de vida es tener conciencia de muerte": la reflexión de Pilar Sordo

A partir de una investigación de campo que desarrolló durante ocho años, Sordo explicó que existe una relación directa entre el diálogo que una persona mantiene consigo misma y la forma en que interpreta aquello que sucede a su alrededor.

21 de septiembre de 2026 - 14:49
Lo único que te da conciencia de vida es tener conciencia de muerte: la reflexión de Pilar Sordo

La psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo puso el foco en uno de los aspectos menos visibles de la vida cotidiana: la manera en que cada persona se habla a sí misma. Durante una entrevista con José del Rio para LA NACION, en el ciclo Conversaciones, la especialista abordó distintos temas vinculados con el bienestar emocional, la percepción personal, el miedo, la muerte y las dificultades que atraviesa la comunicación en la actualidad.

A partir de una investigación de campo que desarrolló durante ocho años, Sordo explicó que existe una relación directa entre el diálogo que una persona mantiene consigo misma y la forma en que interpreta aquello que sucede a su alrededor.

Para la especialista, ese intercambio íntimo que muchas veces ocurre de manera automática constituye una pieza fundamental para comprender la salud mental. No se trata solamente de pensar de manera positiva o negativa, sino de observar qué palabras se utilizan para describirse, qué valor se concede a las propias experiencias y de qué manera se construye la percepción del mundo.

Llegué a que la unidad más básica de salud mental es el diálogo interno”, explicó Sordo durante la conversación con LA NACION. Según su planteo, la manera en que cada individuo se habla puede terminar influyendo tanto en su amor propio como en la interpretación que realiza de las personas y situaciones que lo rodean.

Pilar Sordo y la relación entre el diálogo interno y el amor propio

Uno de los conceptos centrales desarrollados por la psicóloga fue la importancia de prestar atención a las palabras que una persona utiliza cuando se encuentra a solas consigo misma.

En ese sentido, Sordo sintetizó su mirada con una frase contundente: “Dime cómo te hablas y te diré cuánto te quieres”.

La afirmación apunta a mostrar que el diálogo interno no es un elemento aislado. Para la especialista, existe una conexión entre la manera de evaluarse, la confianza personal y la interpretación de la realidad.

Si una persona se considera confiable, por ejemplo, es posible que también tienda a reconocer características similares en los demás. En cambio, una autopercepción marcada por la desconfianza puede condicionar la manera de interpretar determinados acontecimientos.

“Cómo te hablas define tu amor propio y tu visión del mundo. Si yo me percibo confiable, lo más probable es que vea confiabilidad en el mundo”, sostuvo.

De acuerdo con el planteo presentado durante la entrevista, la autopercepción funciona como una especie de punto de partida desde el cual se construyen diferentes experiencias. La manera de atravesar un duelo, establecer vínculos, buscar un propósito o comunicar aquello que genera malestar puede estar atravesada por esa relación interna.

La especialista explicó que la forma en que una persona se concibe a sí misma no queda encerrada en el plano individual, sino que puede proyectarse sobre sus relaciones y sobre la lectura que hace de su entorno.

Por eso, el diálogo interno aparece en su análisis como una dimensión que merece ser observada con mayor atención. Muchas veces, las personas registran con facilidad las palabras que reciben de los demás, pero no necesariamente reparan en aquello que se dicen cuando atraviesan una dificultad.

La muerte como una forma de tomar conciencia de la vida

Durante la conversación, Pilar Sordo también se refirió a la finitud y al impacto que puede tener la conciencia de la muerte sobre la manera de vivir el presente.

La psicóloga recordó una experiencia personal relacionada con el fallecimiento de su pareja, ocurrido en 2009, y explicó que aquel acontecimiento modificó su manera de pensar el paso del tiempo.

Una de las frases más destacadas de la entrevista apareció justamente al abordar este punto: “Lo único que te da conciencia de vida es tener conciencia de muerte”.

Sordo explicó que, a partir de esa experiencia, comenzó a representar el tiempo de una manera diferente. En lugar de pensar solamente en cantidad de años, eligió una unidad temporal mucho más concreta: las celebraciones de Navidad.

La diferencia, según su explicación, modifica la percepción subjetiva del tiempo.

“Yo antes pensaba en años y ahora pienso en navidades”, relató. De esa manera, un horizonte que puede parecer lejano cuando se expresa en décadas adquiere una dimensión más cercana cuando se transforma en una sucesión de celebraciones familiares.

El ejemplo también permite observar cómo la conciencia de que el tiempo es limitado puede modificar las prioridades. La especialista planteó que reconocer la finitud puede llevar a prestar mayor atención a aquello que se quiere hacer, a las decisiones que se toman y a las relaciones que se construyen.

No se trata, en su explicación, de vivir permanentemente pensando en la muerte, sino de utilizar la conciencia de que la vida tiene un límite para darle mayor significado al presente.

El miedo como un estímulo para avanzar

Otro de los conceptos que apareció durante la entrevista fue el miedo. Sordo explicó que no interpreta necesariamente ese sentimiento como una señal que obliga a detenerse.

Por el contrario, contó que aprendió a convivir con él y que incluso puede convertirse en un elemento que impulse determinadas decisiones.

La psicóloga aseguró que una de las cosas que considera centrales en su propia experiencia es no haber dejado de hacer aquello que quería por miedo.

Eso no significa, según su relato, que haya vivido las situaciones difíciles sin temor. La diferencia estaría en actuar aun cuando ese temor permanece presente.

El miedo para mí es un estimulador”, explicó.

La idea supone una mirada diferente sobre una emoción que suele asociarse exclusivamente con la necesidad de evitar determinadas situaciones. Para Sordo, reconocer el miedo puede ser también una manera de identificar que aquello que está por ocurrir tiene importancia.

En su experiencia personal, esa percepción se relacionó además con la necesidad de escuchar aquello que considera que quiere para su vida y tomar decisiones aun cuando no existe certeza absoluta sobre sus consecuencias.

La reflexión se conecta nuevamente con la noción de finitud que había planteado anteriormente. Si el tiempo disponible no es infinito, la posibilidad de postergar indefinidamente determinadas decisiones también se vuelve limitada.

La advertencia de Pilar Sordo sobre el vocabulario

Durante la entrevista con José del Rio, la especialista también trasladó su análisis al terreno de la comunicación cotidiana.

Sordo sostuvo que existe una reducción en la cantidad de palabras que las personas utilizan para expresar aquello que sienten, piensan o necesitan comunicar.

“Estamos usando menos vocabulario. Hemos ido reduciendo la cantidad de palabras que circulan por nuestras cabezas”, afirmó.

La observación apunta especialmente a la capacidad de poner en palabras las experiencias internas. Cuando una persona no encuentra términos precisos para explicar qué le ocurre, puede resultar más difícil transmitirlo a otra persona.

En tono coloquial, Sordo incluso hizo referencia a una expresión muy utilizada en Argentina: “coso”.

“Ustedes, los argentinos, llenan todo con la palabra coso, que puede ser millones de cosas”, comentó durante la conversación.

Más allá del ejemplo humorístico, el planteo apunta a una cuestión más profunda: la relación entre lenguaje y emociones.

Para explicar esta idea, la psicóloga recuperó una afirmación del psiquiatra español José Luis Marín: “Nos enfermamos por falta de vocabulario”.

La frase resume una hipótesis según la cual contar con un repertorio amplio de palabras permitiría identificar y expresar con mayor precisión diferentes estados emocionales.

No es lo mismo describir una situación simplemente como “mala” que poder diferenciar entre tristeza, frustración, decepción, angustia, enojo, incertidumbre o cansancio. Cuanto más precisa es la palabra, mayor puede ser la posibilidad de comunicar qué está ocurriendo.

Por qué cada vez cuesta más hablar y escuchar

Sordo agregó otro elemento a su análisis: el problema no estaría únicamente en encontrar palabras para expresarse.

También habría una dificultad creciente para escuchar al otro.

La especialista sostuvo que actualmente no solo puede resultar complicado explicar lo que una persona siente, sino que también existe menos paciencia para escuchar explicaciones extensas.

“No solo me cuesta decirte lo que me pasa, sino que cada vez tú tienes menos paciencia para escucharme a mí”, planteó.

La consecuencia sería una combinación particularmente compleja: por un lado, individuos con dificultades para identificar y comunicar con precisión sus experiencias; por el otro, interlocutores con menor disposición para permanecer en una conversación que exige tiempo y atención.

En ese contexto, el diálogo puede transformarse en un intercambio rápido de frases sin llegar necesariamente a una comprensión profunda.

Para Sordo, una conversación verdaderamente significativa implica algo más que hablar y escuchar alternativamente. También supone estar dispuesto a que aquello que dice la otra persona pueda modificar la propia mirada.

La conversación como espacio de transformación

Uno de los puntos centrales del planteo de la psicóloga es que conversar no debería limitarse a confirmar lo que cada persona ya piensa.

Una conversación genuina, de acuerdo con su explicación, implica cierta exposición y también la posibilidad de transformación.

La especialista remarcó que el desafío consiste en generar intercambios en los cuales las dos personas puedan sentirse escuchadas y atendidas.

Esto requiere tiempo, atención y capacidad para aceptar que el interlocutor puede aportar una perspectiva diferente.

“Porque la conversación tiene que tener ese desafío en el que yo me exponga a transformarme con lo que tú me dices”, sostuvo.

La frase resume una parte importante de su mirada sobre los vínculos. El diálogo no sería únicamente una herramienta para transmitir información, sino también un espacio en el que las personas pueden revisar sus propias ideas.

En ese sentido, el vocabulario adquiere nuevamente un papel central. Para poder explicar lo que sucede internamente es necesario encontrar palabras; para comprender al otro, también hace falta escuchar con atención.

La salud mental y una mirada hacia el interior

Las reflexiones de Pilar Sordo durante la entrevista con LA NACION terminaron conectando varios aspectos que, a primera vista, podrían parecer independientes: el diálogo interno, el amor propio, la conciencia de la muerte, el miedo, el lenguaje y las conversaciones.

Sin embargo, para la especialista todos ellos forman parte de una misma dimensión: la relación que cada persona establece consigo misma y con los demás.

El punto de partida, según su investigación, está en la manera en que una persona se habla. Desde allí se construye una determinada percepción personal que puede influir en la forma de interpretar el mundo y establecer vínculos.

La conciencia de la muerte, a su vez, puede llevar a mirar el tiempo disponible de otra manera y a revisar aquello que se posterga. El miedo puede dejar de ser únicamente un obstáculo y convertirse, en determinadas circunstancias, en un estímulo para avanzar.

Y el lenguaje aparece como la herramienta que permite darle forma a todo aquello que ocurre en el mundo interior.

En tiempos en los que las conversaciones son cada vez más breves y las palabras pueden ser reemplazadas por expresiones generales, la propuesta de Sordo recupera el valor de nombrar con precisión lo que una persona siente.

Su planteo invita así a observar dos conversaciones que ocurren de manera permanente: la que cada individuo mantiene consigo mismo y la que establece con quienes lo rodean.

Para la psicóloga chilena, ambas están estrechamente relacionadas. La forma de hablarse puede influir en la forma de mirar el mundo, mientras que la capacidad de conversar y escuchar puede abrir la posibilidad de revisar esas mismas percepciones.

En definitiva, la entrevista dejó una serie de preguntas vinculadas con cuestiones cotidianas: ¿qué palabras utiliza una persona para hablarse?, ¿cuánto escucha realmente a los demás?, ¿qué lugar ocupa el miedo en sus decisiones? y qué cambia cuando se toma conciencia de que el tiempo es limitado?

Son interrogantes que, desde la mirada de Sordo, no apuntan únicamente a comprender mejor las emociones, sino también a revisar la manera en que cada individuo construye su propia experiencia de vida.

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