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Salud

Los 3 hábitos que pueden ayudarte a evitar un infarto al despertar

Aunque muchos no lo saben, el despertar es un momento clave para la salud cardiovascular. Qué ocurre en el cuerpo durante esas horas y por qué aumenta el riesgo.

03 de abril de 2026 - 10:28
Los 3 hábitos que pueden ayudarte a evitar un infarto al despertar

El despertar es un momento clave para la salud cardiovascular

La creencia popular suele señalar a la ducha fría de la mañana como principal desencadenante de problemas cardíacos. Sin embargo, según explica el Dr. Alberto Sanagustín, médico de familia español, el verdadero riesgo se encuentra en un proceso biológico interno que ocurre en silencio cada mañana, incluso antes de levantarse.

Los infartos se concentran con mayor frecuencia entre las 6 y las 10 de la mañana debido a una serie de cambios fisiológicos que someten al sistema cardiovascular a mayor estrés.

¿Por qué aumenta el riesgo de infarto al despertar?

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Al abrir los ojos, el organismo activa un mecanismo circadiano natural:

  • Libera mayor cantidad de PAI-1 (inhibidor del activador del plasminógeno tipo 1), una sustancia que actúa como un “freno” del sistema que disuelve los coágulos en la sangre. Esto hace que el organismo tenga mayor tendencia a formar trombos justo cuando la circulación está más exigida.
  • Se produce un aumento de hormonas del estrés (cortisol y adrenalina), que elevan la presión arterial, endurecen las arterias y aceleran el ritmo cardíaco.
  • La circulación se vuelve más espesa (mayor viscosidad y tendencia a la agregación plaquetaria).
  • El corazón pasa de un estado de reposo nocturno a una actividad más intensa de forma relativamente brusca.

Este “arranque en frío” es un mecanismo evolutivo que, en el pasado, probablemente ayudaba a coagular más rápido ante posibles heridas durante la actividad diurna. El problema surge en personas con placas de ateroma (acumulación y oxidación de colesterol) en las arterias coronarias: allí, la combinación de mayor tendencia a coagular y mayor demanda cardíaca puede provocar la ruptura de una placa y desencadenar un infarto.

Además, la hipertensión matutina (conocida como “morning surge” (pico de presión al despertar)), la apnea del sueño o la hipertensión no diagnosticada pueden agravar este riesgo. Muchas personas presentan la presión arterial elevada al despertar y valores normales al mediodía, por lo que medirse solo a esa hora puede dar una falsa sensación de control.

Los 3 hábitos que pueden ayudarte a evitar un infarto al despertar

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El médico Sanagustín, en su canal de YouTube, propone tres hábitos simples y de “costo cero” para lograr una transición más gradual del reposo nocturno a la actividad diurna y reducir el estrés cardiovascular:

• Un vaso de agua a temperatura ambiente

Dejar un vaso de agua junto a la mesita de luz. Al despertar, antes de ponerse de pie, beberlo sentado en la cama. La hidratación ayuda a reducir la viscosidad de la sangre y favorece la circulación. El doctor lo describe como un “seguro de vida de costo cero”.

• Sentarse en el borde de la cama

Evitar levantarse de golpe. Dedicar entre 10 y 30 segundos a sentarse en el borde del colchón permite que la presión arterial se estabilice de forma progresiva y reduce el riesgo de mareos o caídas por hipotensión ortostática.

• Movimiento con los tobillos

Mientras se está sentado, realizar círculos suaves con los tobillos (10 a 15 en cada sentido). Este movimiento activa la bomba muscular de las piernas, ayuda al retorno venoso y prepara al organismo para el cambio de postura.

Estos hábitos facilitan una puesta en marcha más suave del sistema cardiovascular, especialmente en personas con factores de riesgo (hipertensión, colesterol elevado, diabetes, antecedentes cardíacos o apnea del sueño).

Cabe resaltar que estas indicaciones son complementarias y no reemplazan el control médico. Quienes tienen factores de riesgo cardiovascular deben consultar con su médico o cardiólogo. En muchos casos resulta útil medir la presión arterial por la mañana (antes del desayuno y antes de tomar la medicación) y evaluar si es necesario ajustar el tratamiento.

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