Lunares peligrosos: cuáles son y cómo reconocerlos a tiempo con un autoexamen
Aunque la mayoría de los lunares son inofensivos, algunos pueden transformarse en melanomas, un tipo de cáncer de piel.
Aunque la mayoría de los lunares son inofensivos, algunos pueden transformarse en melanomas, un tipo de cáncer de piel.
Los lunares son formaciones benignas en la piel que, en la mayoría de los casos, no representan un riesgo. Sin embargo, bajo la exposición al sol, algunos pueden transformarse en melanomas, un tipo de cáncer de piel que se origina cuando las células que producen pigmento (melanocitos) sufren mutaciones.
La radiación ultravioleta puede dañar el ADN de estas células y favorecer su crecimiento descontrolado, convirtiendo un lunar aparentemente inofensivo en un problema serio.
Detectar un melanoma a tiempo es fundamental, dado que su evolución puede ser rápida y afectar la efectividad del tratamiento. Por eso, se recomienda realizar un autoexamen mensual de la piel, o hacerlo con la ayuda de otra persona, revisando especialmente áreas de difícil acceso como la espalda, el cuero cabelludo y las plantas de los pies.
Cómo reconocer un lunar sospechoso con la regla ABCDE
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La guía más utilizada para identificar lunares de riesgo es la regla ABCDE:
Asimetría: un lunar normal suele ser simétrico; si un lado es muy diferente al otro, es motivo de atención.
Bordes: los lunares inofensivos suelen tener contornos redondeados y regulares, mientras que los bordes irregulares o con forma de estrella pueden indicar malignidad.
Color: los lunares seguros presentan un tono uniforme; si un mismo lunar combina varios colores, como marrón, negro, rojo o azul, conviene revisarlo.
Diámetro: los lunares normales no suelen superar los 6 mm; los más grandes deben observarse con cuidado.
Evolución: cualquier cambio rápido en tamaño, forma o la aparición de nuevos lunares alrededor de uno existente es una señal de alerta.
Cáncer de piel: cómo protegerse del sol sin perder la vitamina D
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La exposición prolongada al sol sin protección es uno de los principales factores que aumenta el riesgo de melanoma. La radiación UV daña las células de la piel y puede acelerar la transformación de un lunar benigno en maligno.
Sin embargo, la luz solar también es esencial para la producción de vitamina D, que ayuda al organismo a fortalecer huesos, músculos e incluso el sistema inmunológico. La clave está en tomar sol de manera segura, evitando las horas de mayor intensidad, usando protector solar de amplio espectro, ropa que cubra la piel, sombrero y gafas de sol.
Algunas personas tienen más riesgo de desarrollar cáncer de piel. Esto incluye quienes tienen piel clara o muchas pecas, antecedentes familiares de la enfermedad, quemaduras solares frecuentes en la infancia o adolescencia o un gran número de lunares o lunares atípicos. Incluso el uso de camas de bronceado artificial incrementa la exposición a radiación dañina. Conocer estos factores ayuda a estar más atento y a tomar medidas preventivas.