No tires el bidón de agua, tenés un tesoro: esta es la mejor forma de reciclarlo en tu casa. (Foto: Archivo)
En miles de hogares, los bidones de agua aparecen repetidos en cocinas, lavaderos o balcones. Se apoyaron en un rincón por las dudas, se guardaron porque algo se puede hacer o simplemente se acumularon sin un destino claro. Durante años, su destino fue casi siempre el mismo: la basura, el depósito o el olvido. Sin embargo, esa decisión ocultó una oportunidad concreta de aprovechar este tesoro.
Los bidones de agua no solo son envases resistentes y livianos. También están fabricados con plásticos pensados para soportar peso, humedad y uso constante. Esa combinación los transformó en una materia prima ideal para soluciones prácticas dentro del hogar.
Con creatividad, tiempo y pocos materiales, lo que parecía descartable se convirtió en un objeto útil, duradero y adaptable a distintos espacios. Una de las transformaciones más simples y funcionales fue convertirlos en un porta toallas, una opción que resolvió problemas de orden y almacenamiento en baños, lavaderos y zonas húmedas sin gastar dinero extra.
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Por qué los bidones de agua son un tesoro
Los bidones de agua que se venden en supermercados fueron diseñados para transportar líquidos. Esa función exigió plásticos gruesos, flexibles y resistentes. No se deformaron con facilidad, no se rompieron ante pequeños golpes y toleraron cambios de temperatura.
Estas características los volvieron ideales para reciclar en el hogar. A diferencia de otros envases plásticos más frágiles, los bidones admitieron cortes, perforaciones y adaptaciones sin perder estructura. Además, su superficie lisa facilitó la limpieza y la pintura.
Otro punto clave fue su tamaño. Los modelos de 6, 8 o 10 litros ofrecieron una capacidad justa para guardar textiles enrollados, mientras que los de mayor volumen permitieron crear organizadores más grandes para familias numerosas o casas de fin de semana.
Qué tipo de bidones de agua se pueden reutilizar
Bidones de 6 a 10 litros, ideales para baños y espacios reducidos.
Bidones de mayor capacidad, recomendados para lavaderos, piletas o uso exterior.
Envases sin rajaduras ni deformaciones, para garantizar seguridad y durabilidad.
Bidones completamente limpios y secos, sin restos de agua ni olores.
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Materiales necesarios para la transformación
Un bidón de agua vacío y limpio
Tijera resistente o cúter
Regla y marcador
Lija fina
Pintura acrílica o en aerosol (opcional)
Pincel o rodillo pequeño, si se usó pintura común
Ganchos adhesivos, tornillos o precintos
Guantes para mayor seguridad
Paso a paso para convertir bidones de agua en porta toallas
Limpieza inicial: se lavó el bidón con agua caliente y detergente. Se enjuagó varias veces y se dejó secar por completo. La etiqueta se retiró; los restos de pegamento se eliminaron con alcohol o agua caliente.
Elección de la posición: el bidón se colocó de forma horizontal. Esta posición permitió aprovechar la boca original como parte de la abertura lateral.
Marcado de la abertura: con regla y marcador, se dibujó una ventana amplia en uno de los lados. El diseño pudo ser rectangular o curvo, según el estilo deseado.
Corte del plástico: se recortó la forma marcada con cuidado, avanzando de a poco. El plástico respondió bien al corte si la herramienta estuvo firme.
Lijado de bordes: todos los bordes se lijaron hasta quedar suaves. Este paso resultó clave para evitar enganches o cortes en las telas.
Prueba de uso: se colocó una toalla enrollada dentro del bidón. Si la abertura resultó pequeña, se amplió levemente.
Terminación estética: opcionalmente, se pintó el bidón. Los aerosoles dieron un acabado parejo; la pintura acrílica permitió personalizar colores y detalles.
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Dónde y cómo usar el porta toallas reciclado
En el baño, se apoyó sobre una repisa o mueble. Las toallas enrolladas quedaron visibles y ordenadas. En baños sin espacio, se colgó en la pared con ganchos adhesivos o tornillos.
En el lavadero, funcionó como organizador de trapos, repasadores o paños de limpieza. Al ser plástico, soportó humedad y se limpió con facilidad.
En exteriores, como piletas o quinchos, el porta toallas reciclado resistió salpicaduras y sol. Su ligereza permitió moverlo según la necesidad.