No tires las cáscaras de manzana, tenés un tesoro en tu casa y este dato lo cambia todo
Si tenés cáscaras de manzana, tenés un tesoro: la ciencia explicó por qué esta parte ignorada concentra antioxidantes, fibra y compuestos clave para la salud.
No tires las cáscaras de manzana, tenés un tesoro en tu casa y este dato lo cambia todo. (Foto: Archivo)
Si tenés cáscaras de manzana, tenés un tesoro. Esta afirmación, que durante años circuló como un simple consejo popular, dejó de ser un mito doméstico y pasó a estar respaldada por estudios científicos. Lejos de ser un residuo sin valor, la piel de la manzana concentró una parte sustancial de los compuestos bioactivos que explican buena parte de los beneficios atribuidos a esta fruta.
Durante décadas, millones de personas la descartaron por una cuestión de textura, sabor o por una idea asociada a la higiene. Sin embargo, la evidencia mostró que en ese gesto cotidiano se perdió, muchas veces, el componente más valioso del alimento.
La costumbre de pelar la manzana se instaló con fuerza en hogares y cocinas de todo el mundo. Pero los análisis nutricionales revelaron que esa capa externa actuó como un verdadero escudo natural de la fruta y, al mismo tiempo, como un reservorio de sustancias con efectos positivos en distintos sistemas del organismo.
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Un hábito cotidiano que ocultó un valor inesperado
Durante años, la recomendación general se centró en consumir frutas y verduras sin cuestionar demasiado qué parte aportaba mayores beneficios. En el caso de la manzana, la pulpa fue la gran protagonista. Sin embargo, los estudios comparativos demostraron que la cáscara de manzana concentró niveles mucho más altos de antioxidantes y fibra que su interior.
Investigaciones difundidas por medios internacionales señalaron que la piel de la manzana presentó entre cuatro y siete veces más polifenoles que la pulpa. Estos compuestos actuaron como antioxidantes potentes, capaces de neutralizar radicales libres y reducir el estrés oxidativo, un proceso vinculado al envejecimiento celular y al desarrollo de enfermedades crónicas.
Este hallazgo modificó la percepción sobre un alimento que parecía simple. La manzana, especialmente cuando se consumió con su piel, dejó de ser solo una fruta accesible y pasó a ser considerada una aliada estratégica para la salud diaria.
Más antioxidantes que en algunos alimentos de origen animal
Uno de los datos que más llamó la atención fue la comparación con productos de origen animal. Según análisis citados por el medio turco Sozcu, el poder antioxidante de la cáscara de manzana llegó a ser hasta 100 veces mayor que el de algunas fuentes de proteína animal.
Este contraste no buscó desplazar el consumo de otros alimentos, pero sí puso en evidencia el valor subestimado de ciertos vegetales. La idea de que solo productos como la carne roja aportaron nutrientes “fuertes” quedó relativizada frente a estos resultados.
La manzana, en su forma más completa, demostró que alimentos simples y cotidianos pudieron ofrecer beneficios comparables a los de productos tradicionalmente asociados con la fortaleza nutricional.
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La fibra que mejora la digestión y la saciedad
Otro punto clave se encontró en el contenido de fibra. La cáscara de manzana concentró una cantidad significativa de este nutriente esencial, fundamental para el buen funcionamiento del sistema digestivo.
La fibra ayudó a equilibrar la flora intestinal, favoreció el tránsito digestivo y contribuyó a mantener la sensación de saciedad durante más tiempo. Este último aspecto resultó especialmente relevante en contextos de control del peso corporal, ya que prolongó la sensación de plenitud y redujo la ingesta calórica posterior.
Además, una microbiota intestinal saludable se vinculó con beneficios que excedieron lo digestivo. Estudios recientes asociaron el equilibrio intestinal con un mejor funcionamiento del sistema inmunitario y con una menor inflamación sistémica.
Fitoquímicos y flavonoides que refuerzan las defensas
La piel de la manzana no solo aportó antioxidantes y fibra. También concentró fitoquímicos y flavonoides que actuaron como refuerzo natural del sistema inmunitario.
Estos compuestos ayudaron a proteger al organismo frente a infecciones comunes, como resfriados, y se asociaron con una menor incidencia de procesos inflamatorios crónicos. A largo plazo, este efecto protector se tradujo en una mejor salud general y en un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
El consumo regular de frutas con piel, dentro de una alimentación equilibrada, se vinculó así con una estrategia preventiva accesible y de bajo costo.
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El debate sobre los pesticidas y los cuidados necesarios
A pesar de los beneficios, el consumo de la cáscara de manzana abrió un debate inevitable: la presencia de pesticidas. Algunos expertos advirtieron que la exposición prolongada a estos residuos químicos pudo estar asociada a efectos negativos para la salud, como un mayor riesgo de cáncer, párkinson, alteraciones endocrinas o diabetes.
Este punto explicó, en parte, por qué muchas personas optaron históricamente por pelar la fruta. Sin embargo, los especialistas coincidieron en que el riesgo pudo reducirse significativamente con prácticas simples.
La recomendación principal fue lavar siempre la manzana con abundante agua, frotando suavemente la superficie para eliminar restos de productos químicos. En algunos casos, se sugirió el uso de cepillos específicos para frutas o soluciones caseras, siempre priorizando métodos seguros.