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Pilar Sordo lanzó una advertencia sobre los vínculos: "No estamos dispuestos a vivir la incomodidad"

Pilar Sordo puso el foco en uno de los problemas que atraviesan las relaciones personales en la actualidad: la dificultad para escuchar, esperar, tolerar la incomodidad y sostener un vínculo cuando aparecen diferencias. La psicóloga y escritora chilena abordó el tema durante una conversación con Luis Novaresio, en el primer episodio de Nada es tan simple, el ciclo de charlas de Infobae.

21 de septiembre de 2026 - 14:53
Pilar Sordo lanzó una advertencia sobre los vínculos: No estamos dispuestos a vivir la incomodidad

Pilar Sordo lanzó una advertencia sobre los vínculos: "No estamos dispuestos a vivir la incomodidad"

Pilar Sordo puso el foco en uno de los problemas que atraviesan las relaciones personales en la actualidad: la dificultad para escuchar, esperar, tolerar la incomodidad y sostener un vínculo cuando aparecen diferencias. La psicóloga y escritora chilena abordó el tema durante una conversación con Luis Novaresio, en el primer episodio de Nada es tan simple, el ciclo de charlas de Infobae.

Durante el encuentro, la especialista planteó que la manera en que las personas se relacionan está atravesada por una cultura marcada por la inmediatez, la búsqueda constante de satisfacción y la necesidad de encontrar respuestas rápidas. En ese contexto, mantener una conversación profunda puede convertirse en un desafío.

Sordo vinculó parte de este fenómeno con el uso permanente de los dispositivos electrónicos y con los estímulos que ofrecen las plataformas digitales. Según explicó, la exposición continua al celular puede afectar la capacidad de sostener la atención y, al mismo tiempo, favorecer una actitud de búsqueda permanente de algo nuevo.

Pero su análisis fue más allá de la tecnología. Para la psicóloga, el problema también está relacionado con una transformación en la manera de entender los vínculos: cada vez existe menos disposición a atravesar los momentos incómodos que forman parte de cualquier relación humana.

La especialista sostuvo que pedir disculpas, reconocer un error, aceptar que el otro piensa diferente o simplemente permanecer en silencio son situaciones que requieren paciencia y disposición. Sin embargo, la cultura contemporánea parece impulsar una respuesta diferente: abandonar rápidamente aquello que genera malestar y buscar una alternativa que resulte más sencilla.

Pilar Sordo y el problema de escuchar al otro

Uno de los principales ejes de la conversación entre Pilar Sordo y Luis Novaresio fue la dificultad para mantener una conversación auténtica. La psicóloga consideró que existe una diferencia importante entre escuchar a otra persona y esperar simplemente el momento para responderle.

En una conversación genuina, explicó, quien escucha debería estar dispuesto a incorporar algo nuevo. No se trataría solamente de defender una posición previamente tomada, sino de permitir que el intercambio pueda modificar, aunque sea parcialmente, la propia mirada.

Sordo lo sintetizó con una idea contundente: sentarse a conversar debería implicar la posibilidad de terminar pensando algo diferente de lo que se pensaba al comienzo.

La observación apunta a una característica frecuente de las discusiones actuales: muchas veces las personas ingresan a un diálogo con la intención de confirmar sus propias ideas y no de comprender realmente las del interlocutor.

En ese escenario, la conversación deja de funcionar como un espacio de encuentro y se transforma en una especie de competencia.

La especialista cuestionó justamente esa dinámica. Desde su perspectiva, escuchar requiere atención, tiempo y disposición, tres elementos que pueden verse afectados por un entorno dominado por las notificaciones, los mensajes instantáneos y el consumo rápido de contenidos.

La dificultad no estaría solamente en cuánto tiempo se pasa frente a una pantalla, sino también en cómo ese hábito puede modificar las expectativas respecto del ritmo de cualquier interacción.

El celular, la dopamina y la pérdida de atención

Durante el diálogo, Sordo también se refirió al impacto de los celulares en la capacidad de concentración. La psicóloga sostuvo que existe una relación entre el uso constante de estos dispositivos, la búsqueda de estímulos inmediatos y la dificultad para sostener la atención durante períodos prolongados.

“Hoy día tenemos una dificultad bestial para sostener”, expresó la especialista, y vinculó esa situación con la dopamina asociada a los estímulos que proporcionan los celulares y con una menor disposición a concentrarse.

Su planteo apunta a una escena cada vez más habitual: una persona mantiene una conversación mientras revisa una pantalla, responde mensajes, mira una notificación o cambia rápidamente de contenido.

En ese contexto, el silencio puede volverse incómodo y la espera puede parecer innecesaria.

Para Sordo, sin embargo, esos momentos son fundamentales para construir relaciones profundas. La atención no consiste únicamente en permanecer físicamente frente a alguien, sino en estar disponible para lo que esa persona intenta expresar.

La psicóloga también señaló otro cambio significativo: la disminución del interés por lo que el otro está diciendo.

La consecuencia puede ser una comunicación fragmentada, en la que cada interlocutor intenta llevar rápidamente la charla hacia sus propios intereses.

“Me arranco rápido, te cambio de tema, me voy a lo que yo quiero conversar y no a lo que tú me estás queriendo plantear”, explicó Sordo al describir esa dinámica.

La incomodidad también forma parte de una relación

Otro de los conceptos centrales de la conversación fue la tolerancia a la incomodidad.

Para Sordo, una relación no puede construirse únicamente sobre momentos agradables. Las diferencias, los desacuerdos, los errores y las frustraciones forman parte inevitable de cualquier vínculo.

La dificultad aparece cuando las personas interpretan esas situaciones como una señal de que la relación dejó de funcionar.

La especialista sostuvo que actualmente existe una tendencia a querer que todo sea “divertido y fácil”, incluso aquellos aspectos de la vida que necesariamente requieren esfuerzo.

En una relación amorosa, familiar o de amistad pueden aparecer momentos de tensión. También puede ocurrir que una persona lastime a otra, que sea necesario pedir disculpas o que surja un desacuerdo sobre una decisión importante.

Aceptar que esas situaciones existen no significa justificar cualquier comportamiento, sino reconocer que la incomodidad no necesariamente representa el final de un vínculo.

En ese punto, la conversación entre Sordo y Novaresio giró hacia una pregunta más amplia: ¿qué sucede cuando las personas pierden la capacidad de permanecer en una relación cuando aparecen las dificultades?

La construcción de los vínculos y el choque de deseos

El periodista planteó que uno de los desafíos de las relaciones consiste precisamente en convivir con dos personas que tienen deseos diferentes.

Un vínculo amoroso, por ejemplo, no supone que ambas personas quieran exactamente lo mismo todo el tiempo. Por el contrario, cada integrante conserva sus propias necesidades, expectativas, preferencias y proyectos.

Novaresio sintetizó esa idea al señalar que dos deseos diferentes inevitablemente pueden entrar en conflicto.

Sordo también cuestionó la concepción romántica de la “media naranja”. Desde su perspectiva, pensar que existe una persona destinada a completar aquello que falta puede generar una expectativa problemática sobre las relaciones.

La idea de que alguien debe llegar para completar a otra persona puede instalar la sensación de que existe una carencia que solamente puede resolverse a través de una pareja.

Para la psicóloga, el desarrollo de un vínculo saludable requiere que cada persona pueda conservar su individualidad.

La relación, entonces, no debería entenderse únicamente como la unión de dos personas que buscan completarse, sino como un espacio construido entre dos individuos con deseos propios.

Y precisamente allí aparece una dificultad: aprender a convivir con las diferencias.

El “fenómeno Tinder” y la búsqueda permanente

Uno de los conceptos más llamativos de la conversación apareció cuando Sordo habló del denominado “fenómeno Tinder”.

La psicóloga aclaró que su referencia no apuntaba exclusivamente a la aplicación de citas, sino a un fenómeno social más amplio que resumió con la idea de “seguir buscando”.

La lógica es sencilla: cuando existen permanentemente nuevas opciones disponibles, puede resultar más difícil comprometerse con una elección.

Las plataformas digitales muestran una sucesión prácticamente interminable de posibilidades. Una persona puede pasar rápidamente de una alternativa a otra, comparar, descartar y continuar buscando.

Según el planteo de Sordo, esa lógica puede trasladarse a otros ámbitos de la vida.

La sensación de que siempre existe algo mejor puede producir insatisfacción con aquello que finalmente se eligió.

En las relaciones personales, esto puede traducirse en una dificultad para atravesar las etapas menos agradables de un vínculo. Cuando aparece un conflicto, la respuesta puede ser pensar que existe otra persona, otra relación o incluso otra vida posible que no tenga esos inconvenientes.

El problema está en que toda elección implica renunciar a otras posibilidades.

Por eso, la búsqueda permanente puede convertirse en una fuente de frustración: cuanto más se intenta encontrar una alternativa perfecta, más difícil puede resultar aceptar las imperfecciones de una elección concreta.

El “scrolleo” y una forma diferente de relacionarse

La conversación también permitió establecer un paralelismo entre el funcionamiento de las redes sociales y la manera en que algunas personas construyen sus relaciones.

El scrolleo, caracterizado por el desplazamiento permanente de contenidos, ofrece una sucesión rápida de estímulos. Si algo no interesa, simplemente se pasa al siguiente contenido.

No existe necesariamente una obligación de permanecer frente a aquello que genera aburrimiento, incertidumbre o incomodidad.

Sordo planteó que esa lógica puede terminar trasladándose a las relaciones humanas.

En una conversación, por ejemplo, puede aparecer un tema incómodo y la reacción inmediata puede consistir en cambiarlo. Si una relación atraviesa una dificultad, puede aparecer la tentación de abandonarla antes de intentar comprender qué está sucediendo.

El problema, desde esta perspectiva, es que la profundidad requiere tiempo.

Conocer verdaderamente a otra persona implica atravesar conversaciones que no siempre son entretenidas, escuchar relatos que pueden resultar incómodos y aceptar que existen aspectos del otro que no coinciden con las propias expectativas.

La construcción de confianza tampoco ocurre de manera instantánea.

La necesidad de recuperar el espacio del diálogo

Otro aspecto señalado durante la charla fue la creciente polarización de las conversaciones.

Sordo describió una tendencia a buscar posiciones cada vez más definidas frente a la incertidumbre. Cuando una situación presenta matices, puede resultar tentador adoptar una certeza absoluta.

La psicóloga vinculó esta dinámica con la necesidad humana de encontrar seguridad.

En lugar de permanecer en una zona intermedia en la que pueden convivir dudas y contradicciones, algunas personas optan por posiciones rígidas.

En ese escenario, el desacuerdo deja de ser una posibilidad dentro del diálogo y comienza a interpretarse como una amenaza.

Sin embargo, Sordo planteó que es posible reconocer la posición del otro sin necesariamente compartirla.

Ese concepto resulta clave para su mirada sobre la comunicación: validar que otra persona piensa de determinada manera no obliga a adoptar su postura.

Dos personas pueden sostener opiniones diferentes y, al mismo tiempo, continuar conversando.

El vínculo como un tercer espacio

Uno de los planteos más interesantes de la conversación apareció alrededor de la idea de que una relación no está formada únicamente por dos individuos.

Existe también un tercer elemento: el vínculo que ambos construyen.

Esta mirada modifica la manera de pensar una relación. Ya no se trata solamente de preguntarse qué quiere cada persona, sino también qué necesita la relación para mantenerse saludable.

Cuidar ese espacio implica negociar, escuchar, aceptar diferencias y reconocer errores.

También significa comprender que ganar una discusión no necesariamente equivale a mejorar una relación.

En ese sentido, el vínculo puede convertirse en un objetivo compartido.

La conversación de Sordo y Novaresio planteó así una pregunta que excede a las parejas: ¿qué sucede cuando la sociedad pierde espacios en los que dos personas pueden permanecer en desacuerdo sin dejar de escucharse?

La respuesta no aparece únicamente en la tecnología ni en las redes sociales. También involucra hábitos culturales, expectativas personales y la forma en que cada individuo entiende el conflicto.

La posibilidad de pensar diferente después de conversar

Para Sordo, uno de los mayores desafíos contemporáneos consiste en recuperar la capacidad de conversar sin convertir cada intercambio en una batalla.

Escuchar no significa estar de acuerdo.

Tampoco implica abandonar las propias convicciones.

Significa, en cambio, permitir que la existencia del otro tenga algún efecto sobre la propia mirada.

Esa disposición requiere tiempo y atención, pero también aceptar que no todas las conversaciones tienen que llegar inmediatamente a una conclusión.

En una época caracterizada por respuestas rápidas, mensajes breves y estímulos constantes, la conversación profunda aparece como una práctica que necesita ser recuperada.

La reflexión de la psicóloga apunta justamente en esa dirección: los vínculos no se sostienen solamente gracias a los momentos agradables, sino también mediante la capacidad de atravesar desacuerdos, pedir disculpas, reconocer errores y tolerar aquello que no puede resolverse de inmediato.

La propuesta no consiste en evitar las diferencias, sino en aprender a convivir con ellas.

Porque, como se desprende del intercambio entre Pilar Sordo y Luis Novaresio, quizás una de las claves para comprender las relaciones actuales esté precisamente allí: un vínculo no se construye buscando permanentemente aquello que resulte más fácil, sino aprendiendo a permanecer cuando aparece la complejidad.

Y en ese proceso, la escucha ocupa un lugar central. No como una espera para responder, sino como la posibilidad concreta de que una conversación deje algo nuevo en quien participa de ella.

La entrevista fue realizada en el marco de Nada es tan simple, el ciclo de conversaciones de Infobae en el que Sordo y Novaresio abordan distintos fenómenos vinculados con la sociedad contemporánea, las relaciones personales y los cambios culturales.

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