Entre sus componentes más destacados se encuentran la ficocianina, un pigmento responsable de su color azul con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias; la clorofila, el pigmento verde que participa en procesos de eliminación de metales pesados; y el ácido gamma-linolénico (GLA), un ácido graso esencial de la familia omega-6 con acción antiinflamatoria.
Los beneficios de la espirulina para la salud
Diversas investigaciones analizaron el impacto de la espirulina sobre diferentes aspectos del organismo. Si bien muchos resultados son prometedores, los especialistas aclaran que no reemplaza tratamientos médicos ni una alimentación equilibrada.
Puede contribuir a cuidar el corazón: algunos estudios observaron que su consumo ayuda a reducir el colesterol LDL (conocido como "malo") y los triglicéridos, al mismo tiempo que favorece el aumento del HDL ("bueno"). También podría colaborar con el control de la presión arterial.
Ayuda al control de la glucosa y del peso: la espirulina también fue estudiada por su posible efecto sobre la diabetes tipo 2, ya que podría contribuir al control de los niveles de glucosa en sangre.
Al mismo tiempo, su elevado contenido de proteínas y su bajo aporte calórico, de unas 20 calorías cada 7 gramos, generan mayor sensación de saciedad, lo que puede resultar útil como complemento de un plan de descenso de peso.
Favorece el rendimiento físico: algunos trabajos científicos indican que ayuda a disminuir el daño oxidativo producido por el ejercicio intenso, favoreciendo la resistencia muscular, la recuperación y la reducción de la fatiga.
Tiene acción antioxidante y protectora del hígado: entre sus propiedades más estudiadas se encuentra su capacidad para unirse a ciertos metales pesados, como plomo, mercurio y arsénico, favoreciendo su eliminación mediante un proceso denominado quelación.
Además, distintas investigaciones analizaron su posible efecto protector sobre la función hepática gracias a su acción antioxidante.
Podría fortalecer el sistema inmunológico: la espirulina también fue vinculada con una mayor producción de anticuerpos y con actividad antiviral.
Incluso, algunos estudios sobre rinitis alérgica mostraron resultados favorables respecto de la reducción de síntomas, aunque todavía se necesitan más investigaciones para confirmar estos efectos.
Cómo consumir espirulina de forma segura
La espirulina se comercializa en diferentes presentaciones. La más habitual es en polvo, que puede incorporarse a licuados, jugos, yogures y otras preparaciones. También se consigue en cápsulas, tabletas y forma líquida. Existe, además, la espirulina fresca, que requiere conservarse refrigerada para mantener sus propiedades.
Como suplemento dietario, suele consumirse en dosis cercanas a 150 miligramos diarios. Sin embargo, cuando se utiliza con fines terapéuticos, por ejemplo como complemento en personas con colesterol elevado o diabetes, las dosis pueden variar entre 500 y 3000 miligramos por día, siempre bajo indicación y supervisión médica.
Quiénes no deberían consumir espirulina
Aunque la espirulina suele considerarse segura para la mayoría de las personas cuando proviene de fabricantes confiables, existen situaciones en las que su consumo no está recomendado. Está contraindicada en quienes tienen gota o niveles elevados de ácido úrico, fenilcetonuria, insuficiencia renal avanzada o enfermedades autoinmunes, salvo que un profesional de la salud indique lo contrario.
También es aconsejable consultar con un médico antes de incorporarla si se utilizan anticoagulantes, inmunosupresores, medicamentos para la hipertensión arterial o para la diabetes, ya que la espirulina puede potenciar el efecto de estos tratamientos.
Si bien los efectos adversos son poco frecuentes, algunas personas pueden presentar náuseas, gases, diarrea, dolor de cabeza o una leve fiebre, especialmente al comenzar a consumirla.
Además, los especialistas recomiendan comprar siempre espirulina de fabricantes confiables, ya que los productos de baja calidad pueden estar contaminados con otras algas tóxicas o con metales pesados, lo que representa un riesgo para la salud.
La historia de la espirulina: un alimento con 3.500 millones de años
La espirulina no es un descubrimiento reciente. Se trata de una de las formas de vida más antiguas del planeta, con aproximadamente 3.500 millones de años, y tuvo un papel fundamental en la oxigenación de la atmósfera terrestre.
Civilizaciones como los aztecas, que la llamaban tecuitlatl, ya la utilizaban como alimento, al igual que las tribus Kanembu, en la región del lago Chad, en África.
Su extraordinario valor nutricional también despertó el interés de organismos como la NASA y la Agencia Espacial Europea, que la estudiaron como posible alimento para astronautas durante misiones espaciales de larga duración.
Aunque las investigaciones muestran resultados alentadores sobre sus propiedades, los especialistas coinciden en que la espirulina debe utilizarse como complemento de una alimentación saludable y no como reemplazo de tratamientos médicos ni de una dieta equilibrada.