El objetivo era acercar el calendario al ciclo lunar, que ronda los 29,5 días por mes. Pero como el año lunar suma aproximadamente 354 días, fue necesario distribuir los días en meses de 29 o 30 jornadas. A febrero se le asignaron 28 días, tanto por cálculo como por su función simbólica: era el mes de los sacrificios y las purgas, y en aquella época, los números pares eran considerados de mal augurio.
La reforma de Julio César y el nacimiento de los meses irregulares
Con el paso del tiempo, el calendario lunar se volvió inexacto y confuso. El desfasaje respecto de las estaciones afectaba actividades agrícolas y religiosas. En el año 46 a.C., Julio César ordenó una reforma profunda, asesorado por el astrónomo Sosígenes de Alejandría, quien propuso adoptar un calendario solar de 365 días, más un día extra cada cuatro años.
Así nació el calendario juliano, que reorganizó la duración de los meses. El mes Quintilis fue rebautizado julio (Iulius) en honor a César, y se le asignaron 31 días como símbolo de poder.
Años después, el emperador Augusto decidió aplicar un gesto similar. Rebautizó el mes Sextilis como agosto (Augustus) y le agregó un día, también dejándolo con 31 días para igualar a Julio César. Como el año debía seguir teniendo 365 días, el día adicional se descontó de febrero, que quedó con 28 días en años comunes.
A partir de allí, los días se distribuyeron de forma desigual entre los meses restantes, en una secuencia que se mantiene hasta hoy:
Enero tiene 31 días, febrero 28 o 29 en los años bisiestos, marzo 31, abril 30, mayo 31, junio 30, julio 31, agosto 31, septiembre 30, octubre 31, noviembre 30 y diciembre 31.
¿Por qué febrero tiene 28 días y a veces 29?
La razón por la cual febrero es el mes más corto tiene dos componentes: histórico y astronómico.
Desde la reforma juliana, el calendario cuenta con 365 días, aunque el año solar real dura cerca de 365,25 días. Para compensar ese desfase, cada cuatro años se suma un día al calendario: el 29 de febrero. Así surgen los años bisiestos, que permiten mantener el calendario alineado con las estaciones.
El día adicional se añadió en febrero porque era el mes más corto y menos cargado simbólicamente. En años comunes, mantiene 28 días; en bisiestos, pasa a 29. Esta corrección también fue actualizada con el calendario gregoriano, que rige desde 1582 y establece que no todos los años divisibles por 4 son bisiestos: se excluyen los múltiplos de 100, salvo que también sean divisibles por 400 (como el año 2000).
El calendario gregoriano y la permanencia de lo romano
El calendario gregoriano, introducido en 1582 por el papa Gregorio XIII, es un calendario solar, diseñado para seguir con mayor precisión el ciclo real del año solar, que dura aproximadamente 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos.
La reforma gregoriana corrigió un pequeño error acumulado del calendario juliano, que calculaba el año solar como 365,25 días, un exceso de casi 11 minutos por año. Este desfase hacía que, con el paso de los siglos, las fechas de eventos astronómicos como los equinoccios se desplazaran gradualmente en el calendario.
Para solucionar esto, el calendario gregoriano ajustó las reglas de los años bisiestos: aunque en el calendario juliano todos los años divisibles por 4 eran bisiestos, en el gregoriano se exceptúan los años divisibles por 100, salvo si también son divisibles por 400 (como el año 2000).
Pese a estos ajustes en la duración del año, la distribución irregular de días entre los meses no se modificó, por lo que la herencia romana sobre la duración desigual de los meses se mantiene hasta hoy.