El acuerdo entre ambos, antes de que ella entrara a Gran Hermano, era claro: pausar la relación durante su participación, pero sin involucrarse con terceros. Sin embargo, la historia tomó otro rumbo dentro de la casa. “Yo en la casa me enamoro, tengo relaciones sexuales, ocho veces en un día con Thiago, hice de todo en todos lados. Te imaginarás cuando salí...”, confesó, en referencia a su intenso vínculo con Medina.
El regreso a la vida real fue uno de los momentos más duros que tuvo que atravesar. “Ese hombre tenía mis cosas, mi teléfono, mi ropa. Yo vivía con él, estuvimos cinco años juntos y yo jamás lo vi llorar”, contó. La escena del reencuentro quedó marcada a fuego: “Me miró y me dijo por qué y se puso a llorar. Lo vi destrozado. Él fue siempre leal conmigo, me ayudó en un montón de cosas, fue una gran persona para mí, no podía verlo la cara, se me caía la cara de vergüenza, me moría, no sabía qué decirle, qué hacer”.
Con el paso del tiempo, Daniela aseguró que logró procesar lo ocurrido, aunque no sin culpa. “Yo me autocastigué mucho tiempo diciendo qué fue lo que hice. Cómo fui tan mala con esta persona cuando él fue muy bueno conmigo. Es la vida, me tocó aprender muchas cosas, y gracias a eso hoy en día soy una señora, soy una madre”, reflexionó.
Mientras tanto, el misterioso hombre sigue siendo una incógnita para el público, alimentando el interés alrededor de una historia que, aún años después, continúa generando repercusión.