Son números que arman la lista negra del Quini 6, esos que arruinan jugadas enteras y hacen que los soñadores se despierten con la peor de las resacas: la del papel roto y la billetera vacía.
En los foros y grupos de apostadores abundan las anécdotas. El que jugó al 22 durante meses y jamás lo vio salir. La señora que juró que el 13 la perseguía y le hizo perder una fortuna. Y el clásico: el que cambió un número maldito a último momento y vio cómo al fin aparecía… justo cuando lo había abandonado.
Los expertos dicen que no hay “números malditos”, solo probabilidades. Pero para los jugadores que invierten semana tras semana, la estadística se convierte en un enemigo invisible. “No hay peor jugada que insistir con un número que nunca aparece”, repiten los que más saben.