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Primer paso: inhalar profundamente por la nariz.
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Segundo paso: sin exhalar, hacer una segunda inhalación breve.
Tercer paso: sumar una tercera inhalación muy corta.
Cuarto paso: mantener el aire en los pulmones entre 15 y 20 segundos.
Quinto paso: exhalar lentamente, por la nariz o por la boca.
Según Huberman, esta maniobra provoca una hiperpolarización del nervio frénico, que reduce su capacidad de volver a activarse de inmediato. El resultado es que el hipo se detiene. Si no se corta al primer intento, la técnica puede repetirse una segunda vez.
¿Cuándo el hipo puede ser señal de algo más?
Aunque la mayoría de los episodios son breves y no generan consecuencias, existen situaciones en las que la duración o recurrencia del hipo puede estar asociada a una condición médica.
El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido explica que muchas veces no hay una causa clara, pero puede haber desencadenantes como comer rápido, beber bebidas carbonatadas, experimentar emociones intensas o pasar por situaciones de estrés.
En cuanto a la clasificación, la Clínica Cleveland distingue distintos tipos de hipo:
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Transitorio: dura segundos o minutos.
Persistente: se extiende por más de 48 horas.
Intratable: se mantiene por más de un mes.
Recurrente: aparece con frecuencia, aunque sea en breves períodos.
Cuando el hipo es persistente, puede estar vinculado a afecciones como gastritis, reflujo gastroesofágico, enfermedades neurológicas como Parkinson o ACV, infecciones, alteraciones pulmonares o incluso tumores que afectan la zona del tórax o el abdomen. También puede ser un efecto secundario de ciertos medicamentos o de procedimientos con anestesia general.
Si el hipo interfiere con la alimentación, el descanso o el habla, y se prolonga más de dos días, es importante consultar a un profesional médico.