Las críticas no tardaron en escalar a nivel institucional. Organizaciones como la fundación Slavko uruvija y la Asociación Independiente de Periodistas de Serbia denunciaron la falta de control y la promoción de conductas violentas. También apuntaron contra la Autoridad Reguladora de Medios Electrónicos por su inacción frente a contenidos que podrían vulnerar derechos básicos.
El reciente episodio, protagonizado por Maja Marinkovi y Asmin Durdi, volvió a encender todas las alarmas. La secuencia fue tan violenta como desconcertante: comenzó con una agresión física que dejó consecuencias visibles y terminó con un intento de ahorcamiento que derivó en la detención del participante. Sin embargo, horas después, las cámaras mostraron a la pareja reconciliada, en una escena que para muchos refuerza la lógica tóxica del programa.
Así, Elita vuelve a quedar bajo la lupa. Lo que alguna vez se presentó como un experimento social hoy parece acercarse peligrosamente a un espectáculo sin límites, donde la violencia física, verbal y psicológica no solo ocurre, sino que se exhibe sin filtros. La pregunta ya no es si estos contenidos generan polémica, sino cuánto más puede tolerarse antes de que el colapso deje de ser televisivo y pase a ser real.