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Historias

Se recibió de ingeniero y lo logró gracias a pagar sus estudios con la cosecha de uvas

Joel cumplió el sueño de ser ingeniero y el esfuerzo tiene un premio doble. Se pagó los estudios trabajando de cosechador de uvas.
29 de abril de 2022 - 14:24
Se recibió de ingeniero y lo logró gracias a pagar sus estudios con la cosecha de uvas

Se recibió de ingeniero y lo logró gracias a pagar sus estudios con la cosecha de uvas

"Al calor del sol y con la ropa sucia en una finca me imaginé un día levantando el cartel de ingeniero electromecánico”, expresó este mendocino de San Martín en la red Linkedin. Lleva 15 mil “likes”.

Inevitable el nudo en la garganta cuando Joel Sánchez relata su historia con la humildad que lo caracteriza. Una historia llena de sacrificios y dificultades económicas que, finalmente, tuvo su fruto el 2 de agosto pasado, cuando rindió en la UTN “Proyecto Final” y rompió en un llanto eterno. Se había convertido en ingeniero electromecánico.

Todas las secuencias de su vida pasaron por su cabeza durante aquella mesa de examen, en especial el día en que, siendo un niño, falleció su papá y su mamá salió a limpiar casas de familia mientras él y sus hermanos comenzaron a cosechar uva en fincas de la zona para sobrevivir.

“Eramos menores y fue la única salida que encontramos para ganar dinero. La tarea era muy sacrificada pero aprendí mucho, le tomé la mano y pude terminar la secundaria. Me sentía motivado para seguir estudiando, siempre había soñado con ser ingeniero aunque muchos me decían que no era para mí, sino para otro tipo de gente, que era muy costoso y que no lo intentara. Pero yo me daba cuenta de que podía mucho más y que no había nada que perder. Ingresé al preuniversitario, conté mi historia en la firma constructora José Cartellone, que tomaba pasantes, y quedé seleccionado enseguida, me apuntalaron y me dieron todas las posibilidades para que jamás abandonara mi carrera. Siempre estaré agradecido”, recuerda hoy, en su departamento situado en pleno centro de la ciudad de Mendoza.

“Eramos menores y fue la única salida que encontramos para ganar dinero. La tarea era muy sacrificada pero aprendí mucho, le tomé la mano y pude terminar la secundaria. Me sentía motivado para seguir estudiando, siempre había soñado con ser ingeniero aunque muchos me decían que no era para mí, sino para otro tipo de gente, que era muy costoso y que no lo intentara. Pero yo me daba cuenta de que podía mucho más y que no había nada que perder. Ingresé al preuniversitario, conté mi historia en la firma constructora José Cartellone, que tomaba pasantes, y quedé seleccionado enseguida, me apuntalaron y me dieron todas las posibilidades para que jamás abandonara mi carrera. Siempre estaré agradecido”, recuerda hoy, en su departamento situado en pleno centro de la ciudad de Mendoza.

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Joel se anotó en todas las becas posibles, las que si bien le exigían ir al día, al mismo tiempo le proporcionaban medios para continuar: transporte, comedor, fotocopias y una residencia para estudiantes.

“Una sola vez había visitado la ciudad de Mendoza, éramos una familia humilde que nunca antes había salido del barrio Municipal de San Martín. Me perdí un millón de veces y me sucedieron miles de anécdotas”, repasa con gran sentido del humor.

FUENTE: Los Andes
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