A pesar de su aspecto imponente, no representa un peligro para las personas. Es un animal solitario, tímido y de hábitos principalmente nocturnos. Su alimentación es muy variada: consume pequeños mamíferos, aves, insectos, reptiles y una gran cantidad de frutas, especialmente la conocida "fruta del lobo", fundamental para su dieta.
Su presencia en ciudades resulta excepcional y suele estar relacionada con la destrucción de los pastizales, el avance urbano y la fragmentación de los ecosistemas, factores que obligan a estos ejemplares a desplazarse grandes distancias en busca de alimento y refugio.
La situación del aguará guazú es delicada. A nivel mundial está catalogado como "casi amenazado", pero en Argentina su estado de conservación es aún más preocupante: está considerado "en peligro" de extinción.
Entre las principales amenazas que enfrenta se encuentran los atropellamientos en rutas y caminos, la pérdida de hábitat, la caza ilegal y el mascotismo, una práctica que continúa afectando a numerosas especies silvestres.
El episodio ocurrido en Chivilcoy generó una fuerte repercusión y volvió a encender las alarmas sobre la necesidad de proteger a una especie única, cuya supervivencia depende cada vez más de la conservación de los ambientes naturales y del compromiso de la sociedad para evitar este tipo de tragedias.