Atahualpa Yupanqui decía que el cantor se debe parecer a aquello que canta. No hay razones, a esta altura, para poner en entredicho la autenticidad de Pintos que, según se lo oye y se lo ve, se siente cómodo dentro de variantes estilísticas que, al final, abrevan todas en el melodismo y las formas del pop.
Bajo ese código, el cantante oriundo de Ingeniero White, presencia regular en la Fiesta de la Confluencia, inauguró la sesión en la Isla 132 a las 23.22 -ocho minutos antes de lo anunciado, una rareza para un festival, que en ese plano entregó dos jornadas absolutamente ordenadas- con "Sueño dorado".
Su performance, que requiere predisposición a la escucha, fue acompañada por el público, que recibió por contrapartida un show que se extendió durante casi dos y más allá de la una de la madrugada.
Si un juvenil Abel Pintos cantaba en su momento los versos que escribieron Bebe Ponti y Horacio Benegas en "Para cantar he nacido", bajo las coordenadas de la canción social ("Si no libera las penas/de los que están en la tierra/de nada sirve que suene/la voz de la chacarera), ese lugar de la canción comprometida en la Fiesta lo tomó, por derecho propio, el cantor y guitarrista Matías Rivas, oriundo de Plottier y surgido del Pre-Confluencia.
Bien temprano en la grilla, Rivas supo enhebrar, en sus acotada intervención, la voz dulce de la "Zamba para encontrarte" con el grito de solidaridad hacia los trabajadores del Alto Valle de Río Negro, a quienes "los arrancó la codicia/los ha olvidado el progreso". De esa forma, con la "Chacarera del Chacarero", Rivas recordó que no hay tierra sin los hombres y mujeres que la trabajan.
El vínculo del folclore con la canción de denuncia tiene un linaje al que no sobran continuadores.
La segunda jornada de la Fiesta se inició, mientras se acomodaban los primeros espectadores en el predio de isla 132, con la presencia de NAFTA, una amable dosis de soul en castellano. Liderada por Magamo y con Abril Olivera y An Espil en coros bien protagónicos, la banda se integró con Simón G en teclados, Tomás Sánchez en batería y Bryan Vainberg bajista, más un DJ.
Las actuaciones de El Mató a un Policía Motorizado, en el atardecer, y la de Conociendo a Rusia, en la primera noche, no pudieron ser más contrastantes.
La banda liderada por Santiago Barrionuevo, que ya atravesó las dos décadas de existencia, produjo una faena con la solvencia habitual pero absolutamente retraída del contexto.
Conociendo a Rusia, que viene acelerada por el tren festivalero tras presentarse el sábado en el Cosquín Rock, fue exactamente lo contrario. Capitalizó el espacio, el lugar y el momento. La formación liderada por Mateo Sujatovich, con líricas accesibles pero no elementales, bastoneó la noche a partir del carisma de su frontman y estableció un vínculo estrecho con el público.
En ese raid, confiados por el buen pie con el que subieron al escenario, además de entregar sus "hits" se animaron a estrenar "Lo mejor", una canción sólo con un par de días de rodaje en las redes sociales y plataformas de streamming.
El cantante fue acompañado por Nicolás Btesh (sintetizadores y coros), Guille Salort (batería) y Fran Azorai (teclados).
La Fiesta Nacional de la Confluencia proseguirá desde esta tarde con: Artistas Pre-Confluencia (17.30), Berbel (19.20), La Delio Valdez (20.10), Dillom (22) y Airbag (23.30).