En ese sentido, Gómez aseguró que "como las ardillas no tienen depredadores, avanzan sobre el ecosistema sin ningún control como lo que ocurre con el castor en Tierra del Fuego".
En la provincia de Buenos Aires se han reportado daños en barrios privados de Luján, Pilar y Escobar, donde están comiendo los cables de telecomunicaciones y las mangueras de riego.
En CABA, se pueden encontrar en espacios grandes como la ex Esma, el Jardín Botánico o en la Agronomía, donde los gatos pueden depredadarlas, explicaron.
"Incluso en Córdoba se han expandido en Calamuchita, en La Cumbrecita, adonde las han llevado para unos hoteles y las han soltado ahí. En Mendoza están muy alertas porque pueden avanzar hasta los viñedos y generar una catástrofe en la producción", aseveró Gómez.
Según aclaró la secretaria de Política Ambiental, "lo principal es detener la curva de crecimiento, y para eso hay que poner en alerta a la gente, que avise a las autoridades apenas ven un ejemplar y ahí ya hay distintos métodos de control".
"Lo que no hay que hacer es tocarlas, llevarlas a la casa como mascota. Las ardillas son carismáticas, entonces es doble es desafío de alertar a la ciudadanía. Pueden causar lectospirosis con su orina", aseguró, y concluyó que "lo que buscamos es que que no avancen hacia más lugares porque afectan a la salud, lo económico y la biodiversidad".
Fuente: Télam