Día Internacional de la Enfermería

"Estamos al límite": la lucha diaria de las enfermeras contra el Covid-19

Trabajan en contacto directo con los pacientes y cobran 50 mil pesos al mes. Historias que reflejan el estrés que vive el personal de salud.
Vacunas COVID-19 en CABA

Vacunas COVID-19 en CABA

Luciana Franco tiene más de trece años de experiencia como enfermera en el Hospital Fernández de la Ciudad de Buenos Aires. Hace dos meses entró a trabajar al servicio de terapia intensiva y cada mañana se sumerge en una batalla sin trincheras contra el COVID. Su rutina habitual consiste en llegar a su sector, un pasillo largo con habitaciones de cada lado, y ponerse de forma calculada los elementos que la protegerán: un camisolín, un barbijo N95, botas, cofia, una máscara facial o antiparras, y guantes.

La terapia donde trabaja tiene 12 camas. Todas están ocupadas por enfermos de coronavirus; todos se encuentran sedados y con respirador. Enfundada, Luciana entra a cada una de las piezas, cuyas puertas están casi siempre cerradas y tienen un vidrio que permite ver hacia adentro. “Salvo que haya una emergencia, tratamos de ingresar dos veces por turno”, detalla en diálogo con A24.com. Cada día, esta enfermera revisa los goteos de sedación, se encarga de la medicación y está atenta a un sinfín de aparatos con luces y sonidos que equivalen a una vida o a una muerte.

“Emocionalmente no estamos bien porque vemos que los pacientes no se recuperan y tienen mal pronóstico. Las familias, además, no pueden entrar”, explica Luciana, en el marco de la segunda ola de coronavirus que azota al país y que esta semana alcanzó un nuevo récord con el 75.7% de ocupación de internados en los hospitales del AMBA. “Hay una cuestión emocional muy fuerte. Está muy latente el hecho de pensar si tuviéramos que elegir a quién atender y a quién no”, reflexiona.

Cada 24 u 48 horas, además, Luciana debe realizar un complejo procedimiento junto a otras cuatro personas que consiste en poner boca abajo o arriba a los pacientes para mejorar su respiración. En este marco, –dice– el trabajo hace “muy pesado físicamente y mentalmente” porque “el miedo siempre está” y más cuando deben pasar un tiempo prolongado dentro de las habitaciones. “No tenemos miedo de enfermarnos nosotros, sino de contagiar a nuestras familias”, asegura y, a modo de ejemplo, cuenta que ella es madre soltera de una nena de cinco años.

Cifras (que son personas)

De acuerdo a información del Sistema de Información Sanitario Argentino (SISA), que depende del Ministerio de Salud de la Nación, en nuestro país hay 179.170 enfermeros matriculados. Según datos de la Asociación de Licenciados en Enfermería (ALE), hasta 8 de mayo de este año 183 de ellos perdieron la vida a causa del COVID.

El primero fue Bernardo Edgar Muñiz, quien tenía 40 años y trabajaba en la cárcel de Choele Choel, provincia de Río Negro. Murió el 13 de abril de 2020. A su caso, le siguió el de Silvio Cufré, quien se convirtió, el 18 de abril del 2020, en el primer trabajador de salud que murió por coronavirus en la Provincia de Buenos Aires. Era el enfermero que atendía al papá del futbolista Walter Montillo, otra víctima fatal.

Nuestro país tiene, además, una de las cantidades más bajas de enfermeros de América (42,4 cada diez mil habitantes). Así, a la pandemia y las muertes se le suma el poco personal prexistente, mucho del cual no se toma vacaciones desde 2019 y reclama –en el caso de la Ciudad de Buenos Aires– ser incluido en la Ley 6035 para que se los reconozca como Profesionales de la Salud.

Enfermeros, salarios bajos y estrés

“No ingresa el personal en cantidad y la sobrecarga es brutal. Estamos al límite”, cuenta Andrea Ramírez desde el Hospital General de Agudos José María Ramos Mejía, donde trabaja hace 22 años y es jefa de enfermeras del Área Programática y referente de la Asociación de Licenciados en Enfermería. “Somos cuatro enfermeras en el vacunatorio y tres para la campaña antigripal. Vacunamos entre 150 y 200 personas por día”, explica mientras recibe a una larga fila de hombres y mujeres que ocupan medio estacionamiento del hospital­ y aguardan para recibir una dosis de la Sputnik, la AstraZeneca o la Sinopharm.

Para Andrea, ser parte de estas campañas contra el COVID-19 “es muy emocionante” porque “es un momento que la gente está esperando. Están todos viendo cuándo llegan las dosis y cuándo les toca el turno. Cuando vienen, algunos lloran con sus familiares y se sacan fotos. Nosotros vemos que somos piezas fundamentales. Las enfermeras somos el eje de esta actividad. Sin la enfermería no se podría vacunar a la población”, argumenta.

Pero al orgullo por su profesión le contrapone los bajos salarios. Según afirma, el sueldo promedio de los enfermeros de ese hospital es de 40 o 50 mil pesos al mes, con turnos de seis o siete horas. Con ese nivel de salarios –dice–, muchos deben hacer horas extras, que pueden llegar a sumar un plus de 10 mil pesos más por mes. “Ni siquiera podemos duplicar el salario trabajando”, sostiene. “El personal de enfermería tiene que buscarse otro trabajo además del hospital. La inmensa mayoría trabaja en dos lados”, recalca.

"Esta pandemia me ha llevado a llorar"

Andrea resume el duro momento que les toca vivir así: "Tenemos compañeros con la licencia suspendida. Son madres y jefas de Hogar y trabajan en dos hospitales. No tiene vacaciones desde 2019 y tienen entre tres y cuatro chicos. La inmensa mayoría somos mujeres. Hay compañeros que han perdido a más de un familiar, son matrimonios de enfermeros que se contagian y contagian al resto de la familia”. Y agrega: “El tema de los fallecidos es muy triste porque muchas veces están las familias afuera (de las salas de internación). Tenemos reuniones permanentemente y las familias siempre están afuera esperando".

En la misma línea se expresó esta semana Juliana Torquati, enfermera en dos centros de salud de La Plata y la primera persona del país en recibir la vacuna Sputnik V el 29 de diciembre. "Esta pandemia me ha llevado a llorar, a sentirme mal y hasta a pensar en no querer hacer más este trabajo", sostuvo en declaraciones a la agencia Télam.

"Ver a alguien que se despide de su ser querido y notar en sus ojos el miedo de no saber si lo volverá a ver; que te llamen desesperados porque están aislados en sus casas y necesitan noticias de su familiar; que tu paciente, ese al que le dedicaste días, y decenas de prácticas distintas para que mejore, ese que en algún momento te miró como dándote las gracias ya no esté, son situaciones que te agotan mentalmente", concluyó.