Hay secretos que no están para ser guardados para siempre.
Hay secretos que no están para ser guardados para siempre.
“Por favor cuídenla y búsquenle una familia que le dé amor y un hogar. Yo no puedo dárselo ni puedo tenerla conmigo y no quiero que ella sufra. Gracias. Mamá”, decía el texto de una madre, escrito de puño y letra.
Gabriela Quiñones tiene hoy 23 años, vive en Puerto Madryn y es hija de esa madre que en septiembre de 1998 la abandonó en una comisaría de Arroyo Verde, provincia de Chubut. “Siempre tuve la duda de qué fue lo que la llevó a tener que dejarme. La respuesta de la nota que dejó en la que pedía que me buscaran una familia, que me cuidaran, nunca supe que existía”, confiesa en diálogo con A24.com.
Hace unos días, Gabriela tuvo la necesidad de contar su historia y utilizó Twitter para poner palabras a todo lo vivido: “Días antes de morir, mí mamá le pidió a mí hermana que me diera una caja en la que estaban mis papeles de adopción. Se aclararon dudas que tenía y surgieron muchas otras. No creo en la inmensidad de las redes sociales para encontrarte pero si creo en mí paz”. El impacto fue de inmediato.
Gabriela reconoce que jamás pensó que su historia se iba a viralizar. “Lo subí sin intenciones y se descontroló un poco”, aclara. Sus días ahora se volvieron más movidos con mensajes de todo tipo. “Yo mandé el tuit sin poner casi nada de información, la foto del diario no se veía mucho. Muchos llegaron a decirme por qué nunca me lo habían contado. La realidad es que yo sé desde muy chiquita que soy adoptada y nunca tuve la intención de buscar a mi mamá”, dice.
—¿Qué te pasó al leer todos los recortes de los diarios de la época?
—No sabía que había tanta información. Pensé que era un solo recorte. Mi mamá me decía que en ese momento salí en el diario. Pensé que era tan simple como una noticia de una beba nacida en Arroyo Verde, y nada más. Pero me encontré con varios artículos y no sabía que había tanta información de mi mamá.
“El viernes después de que falleció mi mamá, nos volvimos a casa. En ese momento de dolor, mi hermana me dijo que hace unos días mamá le pidió que me diera una caja. Cuando la abrí, ahí estaban los recortes de los diarios, la guarda preadoptiva judicial cuando mis viejos me adoptaron. Papeles que ya sabía que existían pero nunca los había visto con detalles”, confiesa.
Gabriela dice que el nombre de su progenitora es Karina González. “Me escribió un montón de gente que se puso a buscar el nombre de mi mamá en Internet a ver qué le aparecía. Muchos me dijeron que habían encontrado a una Alejandra Karina González de Bahía Blanca. Otra en Puerto Madryn y que tiene 47 años. Sin intención de buscarla, ya lo estaba haciendo todo el mundo. Vamos a ver qué sale de todo esto”, comenta.
—¿Imaginás dónde puede llegar a estar?
—Tampoco es cuestión de ilusionarse porque la vida tiene mil giros y puede también no estar.
Gabriela trabaja en un restaurante de 10 de la mañana a 4 de la tarde. Cuando termina, solo quiere estar con su hija. "Yo siempre supe mi historia. La verdad es que nunca me afectó en absoluto a mi infancia ni a mi vida. Para mi fue natural, no es algo que hubiese considerado ocultar o que me genere angustia o malestar. Siempre fue normal y lo naturalicé así”.
No hay rencor en sus palabras. Habla tranquila. Los recuerdos viven en su cabeza: "Tengo una foto de cuando mis papás me adoptaron a los tres meses y me llevaron a la comisaría de Arroyo Verde a conocer a uno de los policías que la atendió a mi mamá. Y tengo una foto a upa con ese policía”.
—¿Qué le dirías a tu mamá?
—Solo me imagino el dolor de tener que dejar a un hijo porque no se puede hacer cargo. Yo tengo una bebe de cinco meses y me cuesta mucho pensar ese momento.
Entre preguntas y respuestas muchas veces también existe un silencio que hace más lentas a las palabras. "No te voy a mentir. No sé porque nunca tuve intención de buscarla. Mi hermana ayer me preguntó qué voy a hacer si aparece".
Gabriela repite varias veces la respuesta: “No sé. No sé. No sé...”.