Sin embargo, tras la cirugía comenzó a presentar un cuadro clínico grave y fue derivada de urgencia a otro centro de salud. Allí, los profesionales descubrieron que durante la operación le habían extirpado la vejiga en lugar del tejido que debía ser removido.
Los estudios posteriores confirmaron que el órgano había sido extraído por completo y que ya no era posible reconstruirlo.
Meses de tratamientos y una compleja reconstrucción
Como consecuencia del error, la mujer atravesó un largo proceso de recuperación. Durante ocho meses necesitó tubos de nefrostomía para drenar la orina desde los riñones hacia bolsas externas, un tratamiento que derivó en reiteradas infecciones y múltiples procedimientos médicos.
Más adelante fue trasladada a un hospital de Massachusetts, donde un equipo especializado le practicó una cirugía reconstructiva. Para reemplazar la vejiga, los médicos utilizaron una porción de su intestino delgado y confeccionaron una neovejiga.
Aun así, las secuelas persisten. Actualmente debe utilizar un catéter varias veces por día para vaciar el nuevo órgano y continúa bajo seguimiento médico permanente.
El fallo contra el hospital
El jurado concluyó que tanto el hospital como el sistema de salud actuaron con negligencia y ordenó una indemnización que contempla los gastos médicos ya realizados, la atención futura, el daño físico y emocional, la pérdida de calidad de vida y la discapacidad permanente que sufrió la paciente.
El Northern Light Inland Hospital, donde ocurrió la cirugía, dejó de funcionar en mayo de 2025 luego de más de ocho décadas de actividad. Según informaron sus autoridades en ese momento, el cierre respondió a problemas económicos, altos costos operativos y dificultades para incorporar personal.
La abogada de Mitchell sostuvo que el fallo representa un reconocimiento del daño sufrido por su clienta y afirmó que la decisión judicial permitirá a la familia comenzar a cerrar una etapa marcada por las consecuencias del error médico.