A las 6 de la mañana del domingo último, Flavia, una oficial de la Policía Bonaerense, escuchó un grito en su casa en el barrio Alpino de Florencio Varela. Fue solo uno, desgarrador, un pedido de auxilio. Enseguida interpretó que era la voz de su hija Morena, de 7 años.
Cuando llegó a la habitación de la nena, la vio sentada en la cama sobre un gran charco de sangre, inmóvil, con una de sus manos tomándose el lado izquierdo del cuerpo. Algunos segundos antes, Iván Cáceres, un vecino de 23 años que vivía a solo 150 metros de la casa, supuestamente había entrado a la habitación de la menor para robarle.