Villa 31

"Para la gente de la villa, la droga es un segundo de alivio en medio de tanto dolor", historias de la villa

El Padre Agustín López lleva 3 años en la Villa 31. Se confiesa enamorado de la vida villera, pero sabe que no se puede tapar el sol con un dedo. La droga está. Y se lleva a unos cuantos. Conocé la historia del consumo de drogas en la villa
Kristel Freire
por Kristel Freire |
Para la gente de la villa, la droga es un segundo de alivio en medio de tanto dolor, historias de la villa

No. No todas las personas que viven en la villa se drogan. Ni siquiera son la mayoría. Hay bandas, sí, pero no todos los que se drogan son narco o trabajan para ellos. La vida en la villa está plagada de estigmas. El Padre Agustín lo sabe. Y eso le molesta, pero no puede negar una realidad: el consumo de drogas existe y se te está llevando a unos cuantos.

"Así como la ves, la vida es más linda cuando es de barrio, pero también es más dura", expresa el padre Agustín, quien abre su parroquia para que niños y niñas reciban apoyo escolar por parte de grupos sociales. "Desde la dificultad de decir dónde vivís porque hay un estigma que no podés sacarte, algunas personas dicen que viven en provincia para que los puedan aceptar en trabajos".

El padre Agustín no se siente muy cómodo hablando del consumo de drogas, no por un tema de conservadurismo, sino porque se le escapa de las manos. "Se hace lo que se puede", dice un voluntario mientras sigue enseñándole a los chicos la tarea. Es sábado por la mañana y estos niños con sus madres han venido a la parroquia a estudiar. Hay madres sin secundario que necesitan el apoyo de los voluntarios universitarios para poder enseñarle a sus hijos las materias.

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Callejón Villa 31

Callejón Villa 31

Agustín fue seminarista en la 1 11 14 y decidió que su vocación sería ser un cura villero. Por el barrio. Por los colores. Por los olores. Por los sonidos. Por la forma de crear comunidad, porque en la 31 no se vive de individualismos, el que tiene comparte. Así se sobrevive con menos de 12 mil pesos al mes. Lo dice Alejandra Cruz, quien no pudo recibir el IFE porque no tenía cómo entrar a internet y después le hicieron problema por el DNI (ella es boliviana). Ahora con el IFE 4 no sabe cómo hará.

Un chico corre, policías atrás de él. Cuatro, cinco, siete policías lo rodean. Lo vemos de lejos. "Está sacado", dice alguien. "¿Qué es eso?", pregunto. "Se pasó de merca, ponele", me contestan. Entiendo. Tiene la cara roja. Los niños que están en las bancas estudiando ni se inmutan. Siguen con lo suyo, porque quién es ese para robarles la infancia, o lo que pueden hacer con ella. "No es la droga, es el alcohol", me dice Juana Aguilar de 48 años. Ella ha traído a su hija a estudiar, porque me dice "hay que salir adelante". Para Juana salir adelante es salir de la villa, pero no porque no le guste el barrio, sino porque no le gusta las consecuencias de la pobreza.

"Los chicos empiezan chiquititos con eso de la droga y también a tomar y tomar, aprenden de los padres, pues", me comenta. Recuerdo que hay un taller de masculinidades positivas que los voluntarios de Voces de Barro están promulgando, porque todo se une con todo. "A mí me gusta este lugar, soy feliz, pero no sé si mi hija tenga suerte acá, es más difícil para nosotros conseguir algo y aunque yo le enseño bien, siempre hay chicos por ahí queriendo meterla en esa mierda (el consumo de droga), y yo le tengo bien dicho que ni se atreva, si me hubiera salido un machito capaz y ya hubiera estado con dolores de cabeza, como esas madres que saben que sus hijos se van es por allá, a fumar y meterse cosas, y luego por estar así y querer más salen a robar, pues. Y son buenos chicos, porque yo los conozco, pero esa maricada los envicia, los consume".

El barrio huele a vida y a comida, pero también a desesperación.

Pobreza en Argentina

Los resultados del primer semestre de 2021 correspondientes al total de aglomerados urbanos registraron que el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza (LP) alcanzó el 31,2%; en ellos reside el 40,6% de las personas. Dentro de este conjunto se distingue un 8,2% de hogares por debajo de la línea de indigencia (LI), que incluyen al 10,7% de las personas. Esto implica que, para el universo de los 31 aglomerados urbanos de la EPH, por debajo de la LP se encuentran 2.895.699 hogares, que incluyen a 11.726.794 personas; y, dentro de ese conjunto, 756.499 hogares se encuentran por debajo de la LI, lo que representa 3.087.427 personas indigentes.

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