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El atroz crimen de Puerto Deseado: los macabros detalles de una historia de desolación, locura y muerte

Hugo Macchiavelli
por Hugo Macchiavelli |
El atroz crimen de Puerto Deseado: los macabros detalles de una historia de desolación, locura y muerte

Los retazos de María Mercedes con la ropa y el alma desgarrada se sumergen entre sus cabellos llenos de sangre. Así la vio llegar Cecilia y su esposo justo en el momento en que terminaban de regar algunos árboles al costado de la pista de carrera que cuidan cerca del Río Deseado. Estaba rota María; pero no del todo, llegó descalza y aún no sabía que habían matado a su hijo: “Lo buscaba desesperadamente, estaba mareada con un golpe muy fuerte en la nuca; tenía una calza negra y todo el cuerpo lleno de sangre”, recuerda el matrimonio.

María Mercedes Subelza es una mujer luchadora. Tiene 45 años y “toda su vida trabajó para educar a sus hijos”. Había llegado desde Salta, su lugar de origen, a la provincia de Santa Cruz para visitar al mayor y mientras daba un paseo junto al menor de sus hijos por la playa Cavendish fue atacada por dos sujetos que la amenazaron y la obligaron a caminar hasta una cueva rodeada de acantilados en donde, según su relato, fue abusada por uno, mientras el otro amenazaba a su hijo con un cuchillo.

Ella se desmayó, pensaron que había muerto y los delincuentes se llevaron al menor. Lo golpearon en la cabeza hasta matarlo y abandonaron el cuerpo.

Hasta ahí la crónica de lo sucedido. Horas después detuvieron a los asesinos a quienes antes habían liberado. Al mayor, que tiene 33 años y fue sometido a pericias para determinar si es esquizofrénico, lo habían dejado en libertad y él, “para festejar”, se fue a tomar vino con sus amigos hasta que su hermana lo delató y fue detenido por segunda vez. Al otro, el menor que tiene 16 años, lo detuvieron porque “su padre lo entregó”.

Ahora bien; ¿hay algo más que no sepamos sobre este trágico hecho? ¿Es cierto que el menor fue amenazado por el mayor para cometer los delitos o fue su cómplice? ¿Estaban bajo el efecto de alguna droga o alcohol? ¿Son ambos imputables o tienen alteraciones mentales? ¿Por qué el juez dejó libre al mayor de los detenidos si ya tenía antecedentes de violencia contra su sobrino?

Pueblo chico, infierno grande

Cecilia y Mario son oriundos de Puerto Deseado y conocen muy bien esa localidad de unos quince mil habitantes de la provincia de Santa Cruz. “Hay otros dos antecedentes recientes de violaciones y crímenes acá. Recuerdo uno terrible: a una joven mamá la asesinaron de múltiples puñaladas y también a su bebé. La víctima era Fernández Vargas y creo que él asesino sigue preso”. Ese no es el único precedente macabro: “Hace poco una loco apuñaló a una señora, casi la mata pero zafó”, recuerdan ambos. “Acá nos conocemos todos; viene mucha gente todo el tiempo, buena y mala…un par de semanas atrás un caminante fue agredido en esa zona de la playa”.

Puerto Deseado es un lugar al margen. Bien al sudeste, está como escondido entre el Mar Argentino y el Río Deseado, al sur del Golfo San Jorge, debajo del Cabo Blanco. Allí se conocen casi todos. Saben quienes son los nuevos que buscan trabajo en ese territorio próspero y hostil y quienes quedan fuera del sistema. Estos últimos, en ocasiones, quedan relegados a una zona que algunos consideran tenebrosa: La Favela. Una villa que sirve de aguantadero y refugio para lo marginal.

“Puerto Deseado no es lo que era antes (..) ahora no podés descuidarte porque te roban (..) la droga viene haciendo estragos por acá”, dice Mario, un jubilado de Vialidad que conoce como pocos el lugar.

En Puerto Deseado hay una reserva natural y varias excursiones que recrean la travesía de Charles Darwin en su derrotero por nuestras tierras antes de escribir El origen de las especies, publicado el 24 de noviembre de 1859 y considerado uno de los trabajos precursores de la literatura científica y el fundamento de la teoría de la biología evolutiva.

Darwin recorrió esa zona unas dos décadas antes de escribir la obra que revolucionaría el mundo científico. Nadie puede asegurar que estuvo en Puerto Deseado durante su rumbo a las Islas Malvinas; tampoco imaginó este tipo de especies que violan y matan.

Deseado está un poco más al norte de la Isla Pingüino y el Cabo Guardián. Una zona de muchos accidentes geográficos. Tiene solo dos salidas: una al mar y la otra por la ruta 281. Eso puede resultar una trampa para quienes no conocen y terminan en el laberinto de rocas en la playa. Eso le pasó a María Mercedes luego de que uno de sus hijos la acercara al lugar para un paseo por la playa en un día un tanto gris.

Llevaba a Santino, su hijo de cuatro años, y juntos caminaron entre las rocas y la arena. Ni en la peor pesadilla pensaron que iban a ser obligados a caer en el umbral del diablo. “Los atacantes salieron de la nada” remarca Mario que auxilió a la mujer y no descarta declarar ante la justicia.

María Mercedes pensaba regresar a Salta, su provincia natal. Antes quiso conocer esa playa, una de las últimas del fin del mundo: agreste, azotada por vientos patagónicos que erosionan las rocas multiformes que arman recovecos y escondites. Las cuevas naturales, las mareas crecientes y el viento incesante atentan contra el paseo de turistas y las nuevas familias que llegan al lugar para trabajar en la industria pesquera. La desolación hizo su parte.

La locura, la droga (no se descarta que estuviesen bajo los efectos de alguna sustancia por la brutalidad de los hechos) y la muerte hizo lo suyo. Era un día frío y ventoso y ella caminaba con su hijo de la mano cuando fue sorprendida y no pudo defenderse. “Vio una camioneta a lo lejos y gritó pero nadie la escuchó” dice Mario el hombre que la ayudó. “Son rocas que caen del acantilado y arman como trampas”.

María es una mujer luchadora pero ese día no pudo contra la amenaza de dos hombres dispuestos a todo. El forcejeo y la súplica de María fue inútil: mientras uno la arrastraban hacia la cueva, el otro amenazaban a su hijo. Ella era ultrajada por el mayor y el adolescente se llevó a un costado al nene. Durante la violación María fue golpeada de manera salvaje hasta que perdió el conocimiento. El violador pensó que estaba muerta. No está claro quien asesinó al menor, pero también fue ultimado entre las rocas.

Secreto a voces

El fiscal Horacio Quinteros y el juez Oldemar Villa escucharon a la hermana del sospechoso cuando sostuvo que volvió a denunciar a su hermano cuando se enteró de que una mujer había sido violada y su hijo de cuatro años, asesinado. “Mi hermano, Omar Alvarado, quiso matar a mi hijo en la misma cueva hace aproximadamente un mes y medio”, afirmó Rosalía. Alvarado estuvo demorado por ese ataque a su sobrino durante algunas horas, a disposición del juez de Puerto Deseado Villa, el mismo del caso de la violación de María. Insólitamente, aunque estaba acusado del delito de homicidio en grado de tentativa, finalmente fue liberado.

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Identikit de los agresores de Puerto Deseado
Identikit de los agresores de Puerto Deseado

La mujer que denunció a su hermano dijo que se encontraba de viaje cuando se enteró de lo sucedido en las playas de Puerto Deseado y afirmó haber identificado a su hermano luego de ver el identikit confeccionado por testigos del hecho. “Nunca pensé en encubrirlo. Hice lo que tenía que hacer. Gracias a mí esto no quedó impune”, dijo como si faltara aclararlo. Ella sostuvo que “si se quedaba callada” este caso iba a quedar impune “como todos los casos que pasaron en Puerto Deseado”.

La gente reaccionó y marchó en medio de un pueblo anestesiado por el dolor. Con o sin encubrimiento frente a un nuevo crimen, la sociedad hizo frente al reclamo y malestar por la falta de avances en las investigaciones (señalan impunidad y casos irresueltos). La manifestación fue multitudinaria. Lo mismo pasó en Rosario de La Frontera en Salta (de donde es oriunda María). En ambos lugares se exigió justicia. En el centro de los cuestionamientos estuvo, precisamente, el juez Villa.

María Mercedes fue dada de alta del Hospital Distrital de la localidad santacruceña, en donde estaba internada para emprender el regreso acompañada de su esposo, su hija y el hijo que vivía allí. Los cuatro, junto con el féretro del niño asesinado, salieron bien temprano hasta Comodoro Rivadavia, desde donde abordaron un vuelo a Buenos Aires primero y luego a Salta, a donde María fue recibida por el gobernador Gustavo Sáenz.

Luego del encuentro fue trasladada a una clínica privada, para ser asistida. Más tarde junto a su marido, Celso Subelza, y el resto de su familia se dirigieron a una casa de huéspedes de Gendarmería Nacional, donde pasaron la noche.

Los restos de Santino llegaron el miércoles al mediodía al aeropuerto de Salta y fueron trasladados a la ciudad de Rosario de la Frontera, a 175 kilómetros al sur de la capital provincial para ser inhumados. Un camión de los bomberos, ambulancias, policía y gendarmería acompañaron el paso de la caravana junto a amigos y vecinos que también se acercaron al lugar para recordar al niño: “Gracias a todos”, llegó a expresar Celso segundos antes de ingresar a la parroquia para oficiar la misa e despedida. En todo momento los familiares estuvieron acompañados con asistencia médica y psicológica.

Mientras tanto Alvarado y el segundo sospechoso, un adolescente de 16 años que “fue entregado por su padre luego de confesar los delitos” también fue identificado por la víctima en una rueda de reconocimiento y tras ser aprehendido fue trasladado a la ciudad de Río Gallegos para ser alojado en el Centro de Detención Juvenil.

Asesorado por un defensor de Menores, admitió haber participado en el hecho pero afirmó que fue “obligado” por Alvarado. En su declaración, además, aportó datos que permitieron a la Policía de Santa Cruz hallar el teléfono celular que le habían robado María e indicó que dejó un buzo en el lugar que hasta el momento es intensamente buscado por la policía.

Cecilia y Mario, el matrimonio que fue el primero en rescatar a María, fueron los primeros que avisaron a la policia. Ellos mismos encontraron las zapatillas sin cordón y restos de la ropa del nene asesinado junto las zapatillas blancas de la mujer y su campera azul oscura. Para ambos hubo cómplices en este delito: “porque los ocultaron o porque sabían lo que estaba pasando y no dijeron nada. Estoy seguro de que hay un encubridor, alguien que vio a estos asesinos” repite Mario.

María es una mujer luchadora y de a poco se está recuperando.

Alvarado fue sometido a pericias psiquiátricas para determinar si es inimputable. Según fuentes consultadas por A24.com “era consciente de sus actos y debe ser juzgado como tal”. Sin embargo, nada puede asegurarse en Deseado cuyo nombre parece esconder el deseo que contrasta con la realidad.

Mientras el juez de la causa sigue cuestionado, hay abogados que se frotan las manos para asumir la defensa y determinar que “Alvarado está loco, drogado y no debe ir preso y el menor no es responsable de sus actos ya que fue amenazado por Alvarado”. Si eso pasara, en poco tiempo, ambos podrían quedar en libertad en Puerto Deseado, cerca de La Cueva de Los Leones, el umbral del infierno.

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