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"Travesti, salteña, indígena", así se define Carla en sus redes sociales. Es artista trans y activista. (Foto: Lina M. Ecthesuri/ LAVACA)
Historia en fragmentos
"Tengo dos hermanas trans, siempre fui muy femenina, siempre supe que no era un chico", cuenta. Cree que tomó conciencia de eso cerca de los 12 años.
Hasta los 17, siguió asistiendo a la iglesia. "Después me alejó la hipocresía". Cuando tuvo 25 algo cambió. "A esa edad vi el abuso. Empecé un período de sanación y visibilización. Ahí supe que yo no seduje a nadie, entendí lo que significaba que él fuera un cura".
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Carla cargó una cruz desde la casa de la provincia de Salta hasta la Catedral Metropolitana y recorrió las catorce estaciones de un Vía Crucis. Cada una representaba distintos momentos de su proceso: el abuso, el silencio, el darse cuenta. (Foto: Martina Perosa/ LAVACA)
En 2010 se lo contó a su familia. También conoció el colectivo LGTBIQ+, la sigla que refiere a las comunidades lésbico, gay, travesti, transexual, transgénero, no binarios, intersex, queer y más diversidades. “Fueron 13 años de proceso después de una década de callarme”. Carla pidió la apostesía, el trámite de derecho canónico por el que toda persona bautizada puede ejercer su derecho de abjurar de la fe católica.
La Iglesia, ante los abusos sexuales de Lamas
En 2017, Carla denunció por abuso sexual al ex cura Emilio Lamas. Contó lo sucedido ante la justicia episcopal. La acompañó su madre. Otra de sus víctimas, Juan Carlos García, un vecino de Carla que había sido monaguillo y también sufrió abusos, lo había hecho en 2016. "Me afectó haber hecho la denuncia en una sociedad como la de acá, de Salta", dice Carla.
El Vaticano respondió antes que la Justicia argentina. En agosto de 2020, el Arzobispado de Salta cesanteó a Lamas y le quitó su estado clerical en forma “inapelable y firme”.
En noviembre de 2018, el arzobispo local Mario Cargnello los recibió a ambos en la ciudad. Por primera vez en Salta una alta autoridad eclesiástica aceptó reunirse con dos víctimas de abusos sexuales eclesiásticos y les pidió perdón. Fue un mes más tarde de que Lamas quedara detenido por sus denuncias, casi 25 años después de los abusos.
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Juan Carlos García, el otro de los denunciantes del ex cura abusador Lamas.
Qué pasó en la Justicia argentina
En el medio, la Justicia de los hombres mostró infinidad de dilaciones. Entre otras, que una de las magistradas que intervino, la jueza de Menores Silvia Bustos Rallé, cerró la causa luego de que los padres de Juan Carlos no hicieran la denuncia por el temor que le tenían a la Iglesia. Lo decidió incluso luego de haber escuchado el relato del chico, quien hizo públicos los hechos en medio de una misa hacia 1991, en Rosario de Lerma.
"Fue poco tiempo después del hecho. Lo contó Juan Carlos y una testigo de la época lo confirmó en la investigación", dice a A24.com Luis Segovia, abogado de García y Morales Ríos. "Como nadie le creía él lo dijo en medio de la misa".
Ahora los dos sobrevivientes esperan que la Corte de Justicia de Salta resuelva si prescribe o no las causas por abuso sexual. El abogado del ex cura, José Fernández, pidió la prescripción cuando ya estaba la elevación a juicio. El ex sacerdote cumple prisión preventiva domiciliaria.
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Carla Morales Ríos denunció al ex cura Lamas por los abusos sexuales en su contra cuando era una adolescente, en Rosario de Lerma, Salta.
El pedido de Juan Carlos
Los nueve jueces de la Corte provincial podrían dar a conocer su sentencia en los próximos días. Así lo afirma Juan Carlos en una “Carta al pueblo de Salta”, que publicó esta semana.
“El pedido de prescripción fue presentado por su defensa, sin fundamentos válidos y sólo para dilatar la elevación a juicio de la causa por abuso que pesa sobre él”, se lee allí.
“En las causas de Carla y Juan Carlos se acreditó que el imputado cometió los hechos haciendo abuso de autoridad y usó su poder para lograr la impunidad", dice Segovia.
Si bien la prescripción es un derecho del imputado que evita que se pueda investigar un caso cuando pasa determinado tiempo, "los niños tienen una categoría especial de protección desde los años 90, cuando en Argentina entró en vigencia la Convención Internacional por los Derechos del Niño que dispone velar por el interés superior de ellos", explica Segovia. "Por eso el caso puede ser juzgado, a pesar de haber sucedido hace más de 30 años".
Vía Crucis
Como artista autogestiva, en octubre de 2018 Carla llevó adelante una performance en la que cargaba una cruz negra desde la Casa de Salta hasta la Catedral, en Plaza de Mayo.
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Carla es artista y en 2018 protagonizó una performance en la que cargaba una cruz negra desde la Casa de Salta hasta la Catedral, en Plaza de Mayo. (Foto: Martina Perosa/ LAVACA)
Caminó esas cuadras donde hizo las catorce estaciones de un Vía Crucis. Cada una representaba sus denuncias, el momento en que lo contó a su familia, el silencio al que volvió tras un primer avance.
Al mismo tiempo, en Rosario de Lerma, se desarrollaba una marcha para exigir justicia por su caso y el de Juan Carlos.
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Las violencias contra Carla
"En el medio de mi lucha tuve un intento de suicidio y una parálisis facial. Necesité mucha contención psicológica. La Justicia no piensa en cómo vivimos el día a día del proceso, no te acompaña para nada", dice. Y recuerda que tuvo que volver al lugar donde Lamas la abusó para cumplir con una inspección ocular.
"Me acompañan mi familia, el activismo, los amigos. Pero hay que exigirle a la justicia que nos cuide como víctimas y sobrevivientes de abuso", dice.
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"Me acompañan mi familia, el activismo, los amigos. Pero hay que exigirle a la justicia que nos cuide como víctimas y sobrevivientes de abuso", dice Carla. (Foto: Lina M. Ecthesuri/ LAVACA)
El cuerpo al arte
Cuando tenía quince años Carla empezó un taller de teatro municipal en la Casa de la Cultura de Rosario de Lerma. Así se acercó al trabajo con la voz y el cuerpo. Con el tiempo, eso devino en herramienta de defensa contra las miradas adversas. Gracias al teatro también decidió probar la vida en Buenos Aires: "A los 24 me fui de Salta para poder ser".
Desde que empezaron las restricciones por la pandemia, en su cuenta de Instagram comparte su diario "Cuarentena de una Travesti rematriada". "Tengo xadres casadxs viviendo juntxs. Unxs viejxs increíbles que aprendieron a ser xadres acompañadxs de sus orfandades. Son amor puro cuando recuerdan nuestras infancias. Tengo hermanxs del amor. Sobris de otra galaxia", escribe.
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Y sigue: "Necesité abrir mis alas. Aprendí a volar. Me fui por el mundo. Volví con las alas cansadas. Soy un ave fénix". Con la pandemia regresó a Rosario de Lerma, donde ahora vive con sus padres.
"La gente me está empezando a reconocer por mi arte, mi danza, el teatro. Puedo hablar de los dolores a través de ese arte. El dolor está y siempre estará. Pero esa es una forma de escapar a esa hostilidad". Su fe es ahora una nueva creencia, la de la lealtad a ella misma.