Gustavo Díaz trabajaba en una cooperativa de La Matanza, Sin embargo, la llegada de la pandemia lo dejó sin empleo y lo obligó a él y a su familia a subsistir con $5.000, fruto del trabajo que su esposa cumplía como empleada doméstica. Ante la urgencia, Gustavo decidió probar suerte en la jardinería, pero la actividad no rendía sus frutos. Hasta que, finalmente, la iniciativa de Mailén, una de sus hijas, cambió su destino.
